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jueves, 24 de diciembre de 2015
Los superhéroes, mueren.
Creo en los superhéroes De hecho, creo también en los héroes. He crecido rodeado de películas, cómics, canciones, videojuegos, libros (Muchos, muchos libros) que me hablaban de una clase de persona que te permite mirar arriba. Muy arriba.
He crecido con la idea de que hay personas que te van a levantar la vida, entendiéndolo como que van a hacer de ella algo más.
Entendí la figura héroe a los quince años.
Entendí, no obstante, la figura superhéroe, a los doce.
Y me pasé un tiempo buscándoles la diferencia, y creo que la encontré en algunos puntos:
-El héroe, no lleva a creer en él aunque caiga. El superhéroe no. Si éste cae, nosotros con él.
-Nunca se puede dudar de la moralidad del superhéroe. Nos va a salvar de lo que más tememos, por tanto, siempre va a ser bueno. El hérore, no obstante, puede hacernos dudar.
Y creo que la más importante, y la que más quiero explicar, es:
Creo que cuando somos pequeños, o muy jóvenes, tenemos que amarrarnos a algo. El mundo es hostil, y nos da miedo. Somos valientes, pero tememos lo desconocido, y tenemos por norma, y costumbre arremeter con estereotipos heroicos. De ahí, que de pequeño, tenemos siempre, aunque se niegue o se extienda, un verdadero héroe y un verdadero superhéroe.
Por simple afinidad temporal y afectiva, siempre va a tender a ser de la família. Una madre. Un padre. Un hermano. Una hermana. Hasta los abuelos y abuelas.
Creo pues, que crecemos, siempre dudando en si andar o no, pero con la coraza que nuestros superhérores y nuestros héroes nos procuran. Aunque no se den cuenta.
Pero.
Siempre hay que crecer. Y he llegado a mi idea, de que, los héroes, caen. Y los superhéroes, mueren.
¿Por qué?
El héroe nos va a ser los ideales que queremos imitar. La fuerza. La tenacidad. El amor y la bravura.
Ej: La fuerza de una madre o un padre, frente a todo.
El superhérore, sin embargo, nos va a procurar lo que queremos ser. Lo que nos puede aportar como ser humano. La bondad. La luz. El sentido de la moral. El no olvidar quién es quién.
El: La imperturbabilidad de un hermano a todo el mal que le rodea.
Si vemos a un héroe fallar, lo vamos a entender como humano. Podrá volver a levantarse, pero con cada vez que caiga, vamos a ver menos en él del poderoso señor de divina fuerza que nos acompañaba en las noches. Se levantará, siendo cada vez menos héroe, y cada vez, más humano.
Y.
Quizás la figura más bonita, necesaria y, a su vez, dolorosa. ¿Qué ocurre cuando un superhéroe falla?
Muere. Muere en nuestro interior. No porque no lo querramos. Si no porque ya representa aquello que queremos ser. Quizás se ha ido. Quizás se ha marchado para no volver. Quizás, simplemente y con tristeza e inadvertidamente, ha cambiado.
Pero ya no es aquel ser que idolatrábamos.
Y duele. Una vez leí que hacerse mayor duele. ¡No! Hacerse mayor no duele. Duele ver desaparecer el mundo que te has edificado con tus sueños, tus metas, tus héroes, tus superhéroes y tu magia. ¡Eso es lo que duele!
No se trata de ir adelante o atrás solo. Se trata de cuando crees que debías buscar tu camino, a la estela de personajes míticos que van a cuidar de ti, y ves que son tan o más humanos que tú. Ves como han caído y como tienes sus defectos. Ves las taras en sus actos y los fallos en su moral. Intuyes sus intenciones y, en ocasiones, te preguntas la gran, gran pregunta.
¿Debo creer en esta persona?
Y no. No se debe creer en héroes y superhéroes caídos. No, porque yo creo firmemente en las imágenes de aquellos que nos cautivó. Aquello que, en los peores momentos, nos levantó con fuerza t seguridad.
Y ahí quiero llegar.
Los héroes y superhéroes se van, pero lo que ellos representaban. La fuerza. La valentía. La incorruptibilidad. El coraje por lo bueno. Ello, siempre, siempre debe perdurar.
No por ellos. Todos vamos a caer algún día.
Pero cuanto más creamos en lo que nos enseñaron, menor sera la caída. Antes nos levantaremos y, por último, si algún día somos el héroe, o superhéroe de alguien, nos verá caer. Pero nos verá levantarnos con las mismas fuerzas, imperturbables de aquellos seres que, años atrás, nos protegieron de todo.
Porque un héroe, si cae, se levanta, más débil.
Pero si un superhéroe cae, muere por siempre.
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Reflexiones
jueves, 17 de septiembre de 2015
Acerca de los demonios y fantasmas.
Bueno, sé que me paso menos por aquí, pero es por la ausencia de tiempo con el ordenador, que la libreta de escribir la tengo llena, pero no me da ya casi para leer, pues escribir es ya una risa.
Bien, hay una temática que se me repite una y otra vez en la mente. Una que la verdad es que ya intento plasmar en algún que otro texto o poesía. Me refiero, a los demonios y los fantasmas, pero no a los de las pelis y demás. Me refiero a los que nos acompañan.
Quién me conoce sabe que siempre llevo tres cosas conmigo, siempre: mis pulseras y brazaletes, mis colgantes, y mi mp3. Éste último es algo que llevo desde...desde los quince años, y me he comprado como diez ya. Simples mp3 inalámbricos, sin sorpresa ni ninguna originalidad.
Pero porque necesito música. Necesito tumbarme antes de dormir y escuchar algo. Necesito no pensar cuando ando y, por supuesto, cuando corro o voy al gimnasio, tengo la música elegida especialmente. Si hasta en el coche tengo la mala costumbre de llevarla siempre muy alta.
Pero es que hay gente que escucha música porque sí y, la hay de otra que lo hace para acallar los demonios que las acompaña. ¿Qué pasaría si escuchásemos siempre aquella voz de ese rincón tan prohibido y vetado de nuestra mente? Yo, personalmente, tengo una estantería llena de cosas a las que no quiero mirar, cosas en las que a la mínima que mi mente se dirige hacia ellas, me incrusto música en mi interior.
Y eso son, los demonios. Seres, momentos, entes, vivencias. Todo, todo aquello que nos tortura con decisiones que tomamos, ya fuesen buenas o malas, o pensamientos que tenemos, o sospechas...¿Habré fallado el exámen? ¿Murió por mi culpa? ¿Estará ya con otro/otra? ¿Debería salir ya mismo a buscarla/lo?
Son ejemplos de cosas que nos duele pensar, y que por ende, nunca las respondemos. Las renegamos al destierro, pero no al olvido. No, porque nuestros demonios se encargan de ello. Se encargan de que no olvidemos, de manera poética y bella, pues sin ellos, yo no escribiría, que tenemos heridas en nuestro ser que nunca sanarán.
Y sin embargo, para mi, hay tres cosas que los calla:
-Una palabra.
-La música.
-O sufrir, y enfrentar esas mismas heridas.
La cosa es que aunque la música los silencia, no callan nunca. La cosa, es que enfrentarse a algo que retuerce todo un mundo interior es, en verdad, la peor de las batallas.
Y por supuesto, mientras leíamos este fragmento, todos tenemos esa palabra, ese nombre, esas sílabas que pronunciadas en nuestra mente nos azota y, a su vez, reniega de todo dolor, al menos por un instante.
Y sin embargo, tras toda batalla con los demonios, al final, hay silencio. Se callan, se van, huyen. Pese a ser nuestros propios demonios, aprendemos a desafiarles, de vez en cuando.
Y llega la verdad de nuestras cadenas. Los fantasmas.
Los fantasmas del pasado son quizás la peor de las cosas con las que lidio hoy en día. (He de admitir, aun así, que en Irlanda estoy jodidamente sensible, que veo una peli o me leo un libro y me salen lagrimitas enseguida, muy curioso)
Todos tenemos fantasmas. Todos. Desde el rey más feliz al vagabundo más miserable. Todos, porque es algo innato en nosotros. Y no hablan. No hacen ruido. No molestan, y no te siguen.
Pero aparecen.
Y al aparecer, no están en nuestro oído. Están justo detrás, Algunos abrazan. Otros acarician. Otros, quizás, besan ausentemente aquello que aún palpita. Pero ahí están. Y lo peor, quizás, es que no luchamos, porque al contrario que con nuestros demonios, no nos atormentan.
Solo nos visitan, y su mera presencia abre lugares escondidos en el interior de cada uno.
Hay fantasmas de todo tipo. Hay momentos en los que pensamos y nos sacude un escalofrío gélido que azota y azota. Hay momentos que nos obliga a apretar los puños.
Y está el fantasma. Aquel que nos derrota. Aquel que no tiene paragón. Aquel que su sola mención nos paraliza, nos hace bajar la cabeza y, de manera automática nos obliga a reprimir lágrimas (O en mi caso, que parece que lleve de menstruación un mes, sin reprimir)
Y no.
El abrazo de mi padre.
Mi primer te amo.
Las historias más bellas que he oído de mi abuelo.
La frase más bella que jamás me haya dicho.
Mi primer beso bajo la lluvia.
Un simple viaje en coche con toda mi familia.
La canción que me acelera el corazón y me hace cerrar los ojos.
No. He tenido una vida bonita. Como tú. He tenido una vida que no cambiaría por nada, y sí, como todos, tengo esa maravillosa espinita que me hace apretar los dientes.
Pero como dijo Benedetti (Y fue de las primeras poesías que jamás leí):
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Y nada, que como se dice, estar atormentado no es malo. Que las cosas más bellas de la vida vienen dadas por la rotura de una cadena, y por ende, si no la rompemos, seguiremos maniatados a un quévenir que, para que engañaros...a mi me encanta pensar en todas las cadenas que tengo por romper, aunque me duela.
Aunque haya noches en las que no duerma, por el sonido de sus eslabones.
Vicente Magraner Ripoll
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miércoles, 15 de julio de 2015
Habrá un momento
Me gusta observar. De hecho, me paso el día con la música en mis oídos, y la gente tiende a pensar que estoy en mi mundo (Que lo estoy, vaya) pero, normalmente, me doy cuenta de todo a mi alrededor. Problemas de ser hiperactivo, imagino.
Me gusta observar, y por ello, he observado miradas distantes. He observado pasos que descompasan su transcurrir al notar en la lejanía otros pasos opuestos. He observado palabras calladas y he callado con palabras. He observado lloros exasperados a mi lado, y he observado lágrimas en mi pecho que no eran mías. Vaya, puedo decir que ha sido un año, y eso que estamos solo en Julio (Yay, en 9 días mi cumple!) un año muy, muy repleto de emociones.
Pero me quiero centrar en esta frase, en este concepto:
Y me he dado cuenta de que muchas personas, (Adultas o no) me han dicho, me han insinuado o me han dado a entender lo siguiente, y es algo que quiero plasmar en Versia pronto.
Muchas, muchas veces, no estamos con la persona amada no por desamor, o por rabia, enfado o dejadez. A veces es mucho más complejo. A veces no es el momento indicado, y a veces encierra una conspiración tejida en noches en vela por el bien de la otra persona.
Quiero recalcar la siguente frase que tuve que decir, a no hace mucho:
"Que no estiga amb tu no vol dir més que sap que si et diu que vages, ho deixaràs tot, i aniràs on siga, perdent la teua vida i tot el que pots aplegar a ser"
"Que no esté contigo no significa más que sabe que si te dice que vayas, lo dejarás todo, e irás donde sea, perdiendo tu vida, y todo lo que podrías llegar a ser"
A veces, el hecho de abandonar a alguien es la más elevada muestra de amor pues a veces hay personas que simplemente requieren de impulso por volar, otras que tienen las alas pero no tienen sin embargo ancla que les permita cerciorarse de su capacidad.
¿Y si, entonces, un día, los dos piensan?
¿Y sí, de repente, uno de ellos, el ancla que se marchó para permitirla/lo volar se arrepiente, no de su decisión, si no de su impotencia?
¿Y sí, por contra, dicha luz astral que tanto ha volado, un día se percata de cuan añora aquella ancla que la hubiese estabilizado allá donde fuese?
¿Y si, en ese mismo momento, ambas partes de lo que no fue pero hubo sido, siendo con otros, pese a todo, se añoran? ¿Qué ocurren con aquellas personas que aman a su pareja, pero en su más fuero interior saben que si aparece una sombra del pasado, lo dejarán todo?
He visto a personas mirarse tanto tiempo, en silencio, con los labios abiertos pero el corazón cerrado, que podría construir un muro con los vidrios rotos de sus miradas al darse la vuelta, en lugar de olvidar lo que fue, es o puede haber sido, y dar rienda a toda una cúspide de sensaciones.
¿La más importante?
La de: "Al fin..."
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Reflexiones
lunes, 6 de abril de 2015
La manía de recordar
Bueno, hacía tiempo que no escribía una reflexión, quizás porque no he tenido el tiempo, las ganas, o no vi un tema en el que me apeteciese explayarme.
Por suerte, recientes sucesos, experiencias y vivencias me han permitido trazar una idea, una cuestión que me llega a la mente casi a diario.
Todos hemos oído la frase "Es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado", y la aceptamos/acepto como cierta e innegable. Pero, hay, también una víctima callada en ese silencio. Hay un tipo de personas que aunque acepten este dicho como verídico, no les conlleva consuelo alguno.
Hablo, en concreto, de las personas con gran memoria. Las personas que pueden enumerar cientos, miles de momentos en esa dicha. Las personas que, en silencio, se lamentan pues no pueden borrar como la inmensa mayoría todos los gravados en su mente.
Una vez, no hace mucho, tuve la gran fortuna de ver, como hacía tiempo que no lo veía, la rabia del saber, sin saber. De la angustia de la incertidumbre. Del momento exacto en que se nos pierde la mirada cuando no sabemos qué pasó, qué fue lo que nos llevó a separarnos. Vi en aquel brillo, un brillo de luz lacrimosa, la autoría de un dolor inconmensurable...pero, por suerte, pasajero.
Ya tiempo atrás, una de las personas más inteligentes que conozco y con la que puedo hablar de temas bastante interesantes, pasó por algo semejante (Cabe decir que ambos decidimos hablar del mismo tema). Mientras que él/ella me describía su congoja, su dolor, su temor, yo le expresaba con regocijo momentos de alegría y celebración, pero que, en ese momento, dolían como estacas.
Y nos pasó por la mente, como rayo que no cesa, como río que no calla, o como viento que nunca cae, la síntesis de aquello: la memoria.
Hay gente que tiene una memoria prodigiosa, y, por desgracia, ésta no es selectiva. Todo lo que se le introduzca perdurará por siempre en su interior.
Entonces, dijimos, qué pasará con aquel primer beso? Qué pasará con la primera frase de amor verdadero? Dónde se arrojará el primer momento en que se caiga preso de Morfeo en brazos de la persona amada?
La respuesta era que, en el mejor de los casos, dentro, muy dentro. Pero, por desgracia y para mal de los dos interlocutores que allí nos encontramos, el peor de los casos era que volviesen, y que, de manera intrínseca, tomasen asiento en una mente dolida, añadiendo, más si cabe, cuchillos en una madera ya roída.
Nos retamos entonces, ya con varias copas encima, para variar, a rememorar cada momento, Hasta pedimos libreta y boli.
Cuán doloroso fue, pero que placentero a su vez, ver como ambos resucitamos casi todas las situaciones que invocamos.
Pero entonces, la vuelta a casa dejó su huella en el pensamiento, y entonces todo el letargo que vivimos nos atacó como ave rapaz.
¿Era necesario olvidar entonces? Es que quizás, y con dolor al solo pensarlo, ¿debíamos dejar a un lado años de nuestras en donde el sol brilla más en nuestras mentes que en nuestras mañanas?
Me dispuse entonces a darme cuenta, creo y opino, en que cualquier recuerdo duele en la piel y en el alma, pero aquellos que recuerdan con exacta precisión cada filigrana levantada, aquellos que rememoran cada mirada en silencio, cualquiera que sin quererlo, guarda aún hoy memorias imborrables, ellos son los más precoces ahorcados en lo que al juego de reír por no llorar se refiere.
Fue una semana curiosa en la que, de hecho, me dispuse a hacer una lista insondable de tiempos mejores.
Me faltó papel.
Así pues, y para terminar y no ser pretencioso, quiero concluir en lo bello y dramático que es recordar todo, con lujo de detalles, hasta el más pequeño. Que no hablo solo del amor romántico. Hablo del amor fraternal, del amor por los sueños, del amor, en general.
Que la belleza del amar requiere de un alto precio, que pagamos todos, pero que se nos vuelve a algunos en forma de saludo diario al mirar atrás.
E.M.S.A
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miércoles, 14 de enero de 2015
Nuevo proyecto
Hola!
Pues dentro de cinco días termino exámenes lo que me da un total de unos diez días de relax total, los cuales voy a usar total, única y explícitamente en una cosa: Terminar la segunda parte de Versia.
En el caso de que lo consiguiese, creo que es un buen momento de hablar de lo siguiente que me espera.
No se trata de la tercera parte de Versia. No quiero convertirla en una saga tan lineal. Si la escribiese ahora sería tan directa, que no me lo perdonaría, y, además, tengo en mente probar con un proyecto que tengo en mente desde hace un tiempo y que, a raíz de recientes acontecimientos, lo veo oportuno.
Todos conocéis mi saga de Versia, que serán cuatro tomos.
-El viaje.
-La última batalla.
-El rescate.
-Epílogo.
-El viaje.
-La última batalla.
-El rescate.
-Epílogo.
Pues bien, presento hoy y aprovechando que estoy descansado y con buena música, mi próxima saga:
-El último romántico.
-Las últimas palabras de amor.
-La última enamorada.
No quiero decir mucho de su argumento, pero como siempre, ya tengo, a grandes rasgos, de qué tratará de cada uno de ellos.
Puedo decir, sin embargo, cosas pequeñas, como que el protagonista será un escritor de fama reconocida, junto con una guía de un museo con problemas de drogadicción, así como turbias actividades.
Las pocas personas que saben de su existencia me han apoyado en X cosas sobre ella, pues va a ser bastante diferente a mi manera de escribir, mi manera de usar vivencias propias y sobretodo, a mi manera de expresame (Evidentemente va a tratarse de una trilogía romántica con numerosos tintes eróticos).
Así pues dicho eso, vuelvo a agradecer al apoyo que ha surgido de Versia, ha sido impresionante y muy agradable llegar hasta al punto de salir de copas y que gente me detuviese para hablar de ésta.
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domingo, 27 de julio de 2014
Una luz que parpadea ilumina por igual.
-Y dime, tú, tú que has visto guerras, hambre, peste, dime, tú que has visto lo mejor y lo peor del ser humano, ¿Qué hay en él qué te produce semejante sentimiento de ternura y tristeza, que es el único de nosotros que capta tu atención?
-¿Atención? Sí, supongo que podrías llamarlo así, aunque cabe más que ello, la admiración.
-Admiras a alguien que no tiene tierras, que no tiene tesoros, que no busca ni quiere hacerlo.
-Admiro al único humano que he conocido que de tan destrozado que tiene el corazón, repleto de llagas, ya no concibe sentimiento alguno en su interior. Ya no ama. Ya no llora. Ya no siente. Cuando siente unos dulces labios en su mejilla, no encuentra ya en su mente aquel resplandor que agotaba las reservas de la energía que caracteriza al ser humano. No. Él ya no tiene luz, ni la quiere, pero la busca.
No, querido amigo. Yo quizás seré la muerte, pero aquí, este hombre suburbano representa lo más pobre de la humanidad. La soledad. Sois millones, miles de millones, y sin embargo no recordáis que es el hecho de amar de tal manera que no hay extensión mayor que la mirada imperceptible de la persona amada. Sin embargo, a su vez, representa y hallo en él la mayor fuerza de la que disponéis. Él lucha.
Otro ya se habría rendido. Sois tremendamente sensibles a lo que una herida representa, pero cuando se trata de que os hayan tocado vuestras entrañas, rabiáis, pataleáis y, en última instancia, calláis.
Pero él no. No sabe lo que es el amor, no ya, ni la fuerza del miedo, ni del terror. Ni siquiera la decisión puebla su mirada. Es la más pura prueba de que sin emociones, no sois nada, puras carcasas de carne y hueso que deponen todo a las emociones más básicas.
-¿Y...pese a todo...?-Acabó preguntando Apostífones, dubitativo.
-Pese a todo, él amó, y de la manera más pura que existe. Su cuerpo es un cuarto oscuro, sediento de aquella luz que tiempo ya, una vez, le inundó. Ahora no, ni lo desea, aunque lo busca. Porque un corazón muerto no puede redimirse de la porción de muerte que ya le pertoca, y él lo sabe, pero, también sabe con el mismo fervor, que no hay mayor gloria que luchar por una causa perdida. Y él es, a día de hoy, el último de una estirpe de luchadores.
Aquellos que luchan las batallas que nadie se atreve, aquellos, algún día dominarán el corazón de toda la humanidad. Pero hoy, no es ese día.
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Relatos
domingo, 8 de junio de 2014
"Siempre serás mi paz en tiempo de guerra..."
En esta noche en la que me dispongo a escribir páginas y páginas sin la alarma del estudio apremiante, me he dado cuenta de cuanto lo echaba de menos, hasta el punto en que no deseo otra cosa que terminar ya esta segunda novela.
Una vez, no hace mucho tiempo, me llegaron a decir:
"-Tan aburrido estás que escribes?"
Creo que nunca me he sentido tan absurdo, no por el comentario, si no porque no llegué a entender la pregunta, y sigo sin lograrlo.
Para los que habéis leído algo de ella (Si no os dejo el enlace: http://sagaversia.blogspot.com.es/ ) sabréis que Glornik, el protagonista junto con Landariel, no se deja llevar por miedos ni temores, ni por destinos ni arrepentimientos. Gornik es todo lo que he tratado e intentado ser en un tiempo llamado mi vida, en la que poder contemplar noches noctunas y sentirme como un caballero, o en la que luchar por una causa perdida, y sentirme el más afortunado de los aventureros.
Hoy, al leerlo, me he dado cuenta de que no he llegado al sacrificio que ésto conllevo, pero me agrada ver que el mismo espíritu que impregné en él en las primeras páginas, sigue patente en las ya últimas de ésta segunda novelañ
Es una tonteria sin importancia, pero ver como ni he llegado a cambiar tras tanto tiempo mi ideal de la nobleza me ha hecho sonreír cuánto menos.
Este verano voy a realizar nuevos esfuerzos por llegar a publicarla, y si no, tengo en marcha un proyecto, sea como sea, no voy a permitir que una luz se extinga.
E.M.S.A
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Versia
lunes, 12 de mayo de 2014
Cómo superar una depresión.
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| Primer paso. |
Pues esta es una entrada de aquellas que siempre tengo en mente. Aquellos que me conocen saben de mi cosas muy simples, como que estoy siempre con música puesta, ya sea en casa, en la calle, en el coche. Siempre que estoy solo tengo algo que me calla el silencio, y no es por casualidad. Es por miedo.
Admito que he usado un poco el estilo sensacionalista de esta entrada. No voy a curar (A mi parecer) a nadie, ni siquiera yo sé la cura para algo como ello, pero al menos, me gustaría, hoy, martes y trece, una fecha que me causa cierto escalofrío, de mi experiencia.
Para ello he tomado algunas fotos un tanto especiales. Ésta, la primera, es cómo casi todo el mundo me veía hace dos años y unos pocos meses. La ausencia de camisa, la barba, la mirada perdida que he intentado plasmar tiene todo una explicación: Por mucho que tratase de "sonreír", afeitarme, vestirme o simplemente disimular, algo había en mi que hacía que las personas a mi alrededor entendiesen mi estado, hasta que me recluí en mi hogar casi un año sin querer salir apenas.
En ese estado aprendí mucho. Aprendí que aquello que dicen que puedes soñar lo mismo una y otra vez, es cierto, pero no por ello triste.
En ese tiempo, una persona muy afín a me dijo una frase que para mi, representa la primera etapa:
-¿Algún día lo superaremos?-Dije.
-No, nunca, ésto no se supera; pero aprenderemos a vivir con ello.
Y aquellas palabras dejaron en mi huella.
Era cierto, aunque no se refería a mi estado en concreto, era extrapolable. ¡No podía vivir así siempre! De hecho mis mejores amigos fueron testigos como en meses no les vi.
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| Segundo paso. |
En unos meses me di cuenta de que no iba a haber prueba alguna. A mi me enseñaron que todo lo que me proponga, se puede hacer. Pero me encontraba en una situación en la que varias cosas de las que yo no tenía estaban acumulandoseme poco a poco en mi espalda.
Decidí entonces, poco a poco, empezar a cambiar. Recuerdo aquella época como el tiempo en que hice decenas de escapadas nocturnas en silencio, ya fuese para correr, escribir, cualquier cosa. Solo necesitaba estar solo, Era como vivir de nuevo, pero en lugar de a la luz del día y junto a una multitud, en soledad y bajo un silencio que me dejase pensar.
Y descubrí que me sentía mejor. Me miraba al espejo cada mañana y me veía mal, con la mirada apagada, y recuerdo que cuando me preguntaban ¿Qué quieres? Simplemente era capaz de rezongar. Perdí mucho peso, para después ganar mucho más del que debería. Estaba peor que nunca, pero también sabía la manera de poder frenar la caída.
En este periodo recuerdo una frase que me llegó mucho en su tiempo, y que la vinculo a la segunda parte:
"Eres la persona más persistente que conozco"
Quizás no era el problema la fuerza con la que me estaba enfrentando a todo aquello. Quizás no necesitaba sonreír, o dejar de llorar, o reír. Quizás solo necesitaba volver a querer sonreír, desear que mis lágrimas fuesen por algo, o simplemente, querer una risa sincera en mi.
Y me di cuenta de que las mejores formas para ello, eran cosas simples:
-Estreché la relación con mi madre. De hecho, aún recuerdo muchas de las veces en las que la veo sonreír y me da un motivo más para aprender a vivir con ello.
-Vislumbré una nueva perspectiva de relación con mi hermano: Me di cuenta de que mi hermano estaba a la par que yo, pero que él, en verdad, era más fuerte que yo. Debía aprender a tener su entereza, y por ello, a sus ojos, empecé a motivarme a mi mismo para agradarle, para ser un orgullo, y ello me dio ganas de crecer.
-Volví a ver a mis amigos: Curiosamente, me sorprendió como ver a mis amigos, ver como eran capaces de cuidar de mi de maneras imperceptibles me sirvió como un pequeño ungüento.
Pero algo seguía fallando. No podía quedarme en silencio. Cuando lo hacía, volvía a caer, a las voces, a los lloros. No podía superarlo por mucho que luchase.
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| Tercer paso. |
Y entendí, entonces, que aquel no era yo. Era cierto. En poco tiempo habían pasado mil cosas, y no me sentía con fuerzas de luchar...pero...¿Y si no debía luchar? ¿De qué serviría?
Y me vi al espejo, y me di cuenta de una cosa.
Llevaba un pelo que hacia años no llevaba.
Llevaba una barba recortada.
Y me di cuenta de que, aunque falsamente, sonreía más de lo que debería permitir.
Y lo entendí. Entendí que lo que necesitaba para poder, no vencer el hecho de tomar calmantes todas las mañanas, si no para poder vivir con ello, era calor, era vida, era música y era poesía. Necesitaba, en resumen y en simple respuesta: Una motivación.
Hace poco menos de un año, recuerdo estar en la biblioteca. Estaba exhausto, llorando a escondidas, solo, con exámenes imposibles de estudiar para mi, y destrozado. Iba a dejar la carrera.
Y le envié un mensaje a una persona que es a día de hoy uno de mis pilares:
-No puedo más. No puedo más. No tengo motivación. Me rindo-Recuerdo las palabras porque me dolieron.
-¿Tú? Si tú eres ejemplo de motivación.
Quizás no fue su intención. Quizás no se dio cuenta de lo que me acababa de decir. Quizás, era eun mero intento de mejorar mi estado pero...
...funcionó.
Y entonces, y sin duda, me di cuenta de algo. Era capaz de volver a luchar. Era capaz de volver a mirar a gente a los ojos y que no viesen la pena en mi rostro. Entendí que una actitud triste, chulesca, animana o fría pueden ocultar, pero no engañar. Y en mi caso, no debía mostrarme feliz, debía mostrarme como me sentía, y para ello debía sentirme bien conmigo, debía pensar que estaba haciendo algo para salir del fondo.
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| Cuarto paso |
Y la verdad es que a día de hoy, caigo. Pero me levanto. Las veces que me quedo en silencio escuchando música son incontables, pero ya no pongo la mirada perdida como en la foto arriba señalada. Ya no escucho música que me destroce. Ya no rehuyo mis demonios con música, ni risas baratas ni sonrisas de latón. Decir que estaba bien para los demás era un mecanismo útil, pero conmigo mismo era una estupidez. Y cuando por fin entendí que motivación tras motiviación, estaba, no volviendo a ser lo que una vez fui, si no algo mejor, algo que podía soportar penurias que antes me hubiesen destrozado.
Por ello me volví más cálido. Por ello regalo abrazos y besos, por ello allí dónde veo, reparto, porque he tenido la mala fortuna de haber visto y ver gente en mi situación, y no pude soportarlo. Entendí a su vez su importencia al verme llorar todos los días. Entendí, que cuando caí, no dejé que me levantasen, porque no supe ver desde donde me intentaban izar.
Y por ello, en mi casa, siempre hay un abrazo a todo aquel que lo necesite.
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| Quinto paso. |
Y este soy yo ahora. No he superado ninguna de las cosas que me ocurrieron en un clímax fatal hace dos años, ni las traiciones, ni las ausencias, ni las decepciones ni los golpes. No lo he superado y no lo haré, es algo con lo que voy a tener que aprender a vivir.
Pero no por ello voy a basar mi vida en ello. He llenado mi vida de otras cosas que me han permitido seguir adelante, no mejorar, no ser más fuerte ni más débil, solamente de cosas que me motivan,
Ya no me visto/arreglo/actuo para volver a mostrarme bien o gustar a los demás. Ya me oculto como toda la gente que he visto que sufre, simplemente he equilibrado la balanza. Una parte de mi murió, pero hay miles de partes de mi que esperar por poder crecer y brotar.
Y quizás la frase que pondría aquí, sí que es una frase de alguien que puedo contar.
Recuerdo, en una de aquellas veces a las que iba a la universidad en coche, que recogí a un hombre inglés bajo la lluvia para llevarle unos kilómetros.
Me preguntó sobre mi.
Y recuerdo lo que me dijo, pues le tuve que dar las gracias:
-Te he visto dar la vuelta a la rotonda, y no lo has hecho por lástima si no no hablarías tanto conmigo. Eres una buena persona.
El mero hecho de que me viese capaz de proporcionarle a esa persona (Que tenía un trágico contar) un poco de calor me proporcionó a mi la mayor de las energías: La alegría.
Y así es mi historia a grandes rasgos. Ha sido una entrada diferente, con uso de mi cara para que no haya presunción de cobardia. Es un proyecto que quiero llevar a cabo, el hecho de que la gente se mire al espejo y se vea bien, y piense si va vestida para gustarse a ella misma, o a los demás.
Pues lo mismo debe ocurrir con los sentimientos, emociones y actitud. No actúes como los demás quieren que estés. Siente tu pena, moldea tu rabia, añora tu alegría, pero crece. Crece. Crece. Crece, pues cuando mayor es el roble, mayor es el esfuerzo por arrancarlo.
Si en algún momento alguien realmente hace esta reflexión, la de darse cuenta de que el espectro de una depresión se vence rebuscando en uno mismo con las herramientas que otros y uno mismo se le permiten, por favor, que se me haga saber, pues quizás no habrá mucha gente que lea esto, pero aquellas que han caído como yo y se vean reflejadas al menos verán que logré levantarme, y empiecen a caminar de nuevo.
E.M.S.A
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Reflexiones
domingo, 26 de enero de 2014
Como aprobar una carrera universitaria.
En este, mi segundo año de carrera, he llegado a diferentes conclusiones sobre, no la universidad, si no la vida en sí, la manera en que está "programada" y la manera en que la mayoría de la gente la vive, y no puedo si no mostrar mi mayor repulsa por ello.
Desde que entré en la universidad, veo distintas cosas. Veo amigos, veo compañerismo, veo risas y veo momentos que nunca olvidaré.
Sin embargo, he logrado también ser testigo de lo que a mi parecer, es una muerte en vida: La desesperación por lograr lo que, según puntos de vista, es inalcanzable: Seguir los cánones prescritos por la sociedad a la hora de aprobar una carrera.
Me explicaré:
Hoy en día hay una creencia totalmente equivocada, y hay ejemplos de estos por doquier. Se cree que el que mejores calificaciones saca, es el mejor, el más inteligente, el más preparado. Simplemente, es el que destaca por su inteligencia.
Que yo sepa, nunca unas letras han dictaminado la valía de una persona, y a día de hoy, aprecio más a una persona que vive sus aspiraciones con notas mediocres, que aquella que ha renunciado a toda individualidad en pos de calificaciones elevadas, con tal de alimentar el modelo de la sociedad.
Se supone que en los 4-6-8 años de carrera, se nos debe enseñar como, no solo trabajar y preparar para aquello que hemos elegido, si no también como vivir con ello, como ser capaces de vivir una vida plena mediante las herramientas de que disponemos.
Apoyo escribir en exámenes. Adoro estar en exámenes a las cinco de la mañana, sin dormir, poner música y sumergirme en mis historias. Quizás podría sacar mejores notas, no lo niego, pero...¿Es lo que quiero? ¿Es lo que querrá mi "yo" del futuro?
Dudo mucho que alguien, a sus cuarenta o cincuenta años, se sienta orgullos de haber pasado sus veinte encerrado haciendo algo para lo que se supone esta predestinado, no algo que realmente desea. Estudiar debería ser una senda de aprendizaje, de formación de una persona.
Estudiar debería crear médicos, no personas que trabajen en hospitales, estudiar debería crear profesores, no personas que trabajen en escuelas. Estudiar debería formar, crear, moldear, no debería ser un mercader que requiera de partes de una vida, para cambiarla, y renunciar a una individualidad bella, por un cordero más de la manada de personas, que viven para trabajar, y no para soñar.
Quizás soy muy escéptico...pero creo que cuando una institución ligada al futuro y la imagen de "lo mejor de lo mejor" se convierte en un monstruo, roba-años, o soy yo el que se resiste en solitario a cambiar, o es la sociedad, que atemorizada por el potencial humano, ha decidido cortarlo de raíz.
Desde que entré en la universidad, veo distintas cosas. Veo amigos, veo compañerismo, veo risas y veo momentos que nunca olvidaré.
Sin embargo, he logrado también ser testigo de lo que a mi parecer, es una muerte en vida: La desesperación por lograr lo que, según puntos de vista, es inalcanzable: Seguir los cánones prescritos por la sociedad a la hora de aprobar una carrera.
Me explicaré:
Hoy en día hay una creencia totalmente equivocada, y hay ejemplos de estos por doquier. Se cree que el que mejores calificaciones saca, es el mejor, el más inteligente, el más preparado. Simplemente, es el que destaca por su inteligencia.
Que yo sepa, nunca unas letras han dictaminado la valía de una persona, y a día de hoy, aprecio más a una persona que vive sus aspiraciones con notas mediocres, que aquella que ha renunciado a toda individualidad en pos de calificaciones elevadas, con tal de alimentar el modelo de la sociedad.
Se supone que en los 4-6-8 años de carrera, se nos debe enseñar como, no solo trabajar y preparar para aquello que hemos elegido, si no también como vivir con ello, como ser capaces de vivir una vida plena mediante las herramientas de que disponemos.
Apoyo escribir en exámenes. Adoro estar en exámenes a las cinco de la mañana, sin dormir, poner música y sumergirme en mis historias. Quizás podría sacar mejores notas, no lo niego, pero...¿Es lo que quiero? ¿Es lo que querrá mi "yo" del futuro?
Dudo mucho que alguien, a sus cuarenta o cincuenta años, se sienta orgullos de haber pasado sus veinte encerrado haciendo algo para lo que se supone esta predestinado, no algo que realmente desea. Estudiar debería ser una senda de aprendizaje, de formación de una persona.
Estudiar debería crear médicos, no personas que trabajen en hospitales, estudiar debería crear profesores, no personas que trabajen en escuelas. Estudiar debería formar, crear, moldear, no debería ser un mercader que requiera de partes de una vida, para cambiarla, y renunciar a una individualidad bella, por un cordero más de la manada de personas, que viven para trabajar, y no para soñar.
Quizás soy muy escéptico...pero creo que cuando una institución ligada al futuro y la imagen de "lo mejor de lo mejor" se convierte en un monstruo, roba-años, o soy yo el que se resiste en solitario a cambiar, o es la sociedad, que atemorizada por el potencial humano, ha decidido cortarlo de raíz.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
La verdad sobre el orgullo.
Llevo meses planteándome una misma pregunta noche a noche.
Pasa por mi cabeza como una estrella fugaz, rápida, con la forma de cualquier otro pensamiento, pero algo en ella me hace detenerme y acariciarla cuál terciopelo etéreo.
La pregunta conlleva abandonar toda humanidad, y abrazar la más pura de las formas del guerrero.
-¿Por qué luchar, cuando otros sin llegar a empuñar un arma recibirán mayores honores que tú?
Quizás pueda parecer una nimiedad, pero como alguien que siempre ha tratado de explorar las soluciones de los problemas por sí mismo, es algo que me perturba. Cada día veo más injusticia en este mundo, y me quedo perplejo al entender que la justicia, finalmente, es subjetiva.
Luchar, crecer, sufrir, sacrificarse. ¿Cómo ha llegado la humanidad a perder dichos objetivos? Ahora la pereza, la deshonra e incluso el más puro desprecio pueblan esta faz cuál serpiente sedienta del jugo del fruto de la vida.
Sin embargo, después me percato de ciertas cosas...
El tiempo, pese a ser incansable y cruel, también tiene rasgos positivos: Es justo, es decir, trata a todos por igual
Por ello, y emulando lo que una vez tuve que gritar:
"Prefiero llegar a la cima de la montaña sediento, hambriento, sangrante y desnudo, que ser elevado hasta salvar todos los males; pues algún día habré de subir otros riscos más elevados, y seré yo el que conozca las penurias, que en lugar de herirme esta vez, me abrazarán como un duro guerrero."
Y así, sin arrancarme la espina de la injusticia de mi alma, me duermo cada noche, conocedor que tal vez otros consigan mis mismas recompensas, todas y cada una de ellas, pero hay una que estará destinada única y absolutamente a mi: El orgullo.
Pues una vez leí que el alma no existe, si no que es el orgullo, que se expande en cada una de nuestras acciones, y por cada vez que aprendemos, que luchamos, que regalamos nobleza en nuestro mundo, nuestra alma, nuestro orgullo, el oro que nunca nos podrán arrebatar, se hace más grande.
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domingo, 12 de mayo de 2013
En tiempos de crisis, dignidad ante la moneda.
Hace poco, oí una frase que me gustó:
"A mi parecer, ésta no es si no una crisis de valores, y no económica"
Y en verdad, pensé que quizás, y solamente quizás, aquellas palabras estuviesen más en lo cierto que cualquier político/economista/consejero. Pero creo que cabía profundizar más en ellas.
La mayoría, si no todos pensaréis en concepto básico de crisis de valores: Si estamos en crisis es por carecer de principios y de ideal de revuelta, en pos de una revolución con tal de reparar el daño hecho por una mala gestión por los que, en definición deberían ser los guardianes de nuestro país. En lugar de ello, optamos por una postura costumbrista dotada de aguante digno pero inútil. Permitimos que gente sin escrúpulos arruine no solo un país, si no el nombre de éste.
Pero tras ésto, hay una frontera escondida a la vista que no desentraña sus misterios.
En tiempos de crisis, en tiempos dónde escasean la moneda, los lujos, los presentes, poco a poco desaparecen y se reducen la valía del honor, el orgullo, la fuerza y, en última instancia, la dignidad.
La dignidad...
Una moneda épica escasa en estos tiempo. Con ésta, mi corta vida, ya he sido testigo de la pérdida de dignidad en pos de un deseo de personajes que creí ser portadores de la señera de un corazón inquebrantable.
Y la dignidad humana, bañada en nuestra valentía y tenacidad se merece más que eso. Si por defender tus ideales, creer en tus principios, si por luchar por una causa perdida contra uno o numerosos enemigos, tú solo o acompañado ves comprometida una meta, una moneda, un deseo o un tiempo mejor, opta por dar batalla, pues quizás nunca consigas lo que te propones y pierdas dichas apuestas, pero al menos conservarás el valor de tu persona, no obstante, si te rindes, si vendes tu dignidad al mejor postor y olvidas que la nobleza y la pureza se nutren de tus fuerzas, entonces sí, llegarás a tener bienes elevados, llegarás, quizás, a ser el más envidiado de los seres...
...pero habrá valido la pena no poder mirarte al espejo, a no poder lanzar una sincera mirada a los tuyos, a nunca poder recuperar aquello que te fue arrebatado por el vil metal: la dignidad?
Y si soy capaz de lanzar esta pregunta, es por haber apostado yo mismo, y haber elegido la opción que me permite sonreír sinceramente cuando es necesario, que me deja verme al espejo sin vergüenza, y abrazar a los míos pese a perder quizás, una oportunidad de vender mi alma por un bien.
"A mi parecer, ésta no es si no una crisis de valores, y no económica"
Y en verdad, pensé que quizás, y solamente quizás, aquellas palabras estuviesen más en lo cierto que cualquier político/economista/consejero. Pero creo que cabía profundizar más en ellas.
La mayoría, si no todos pensaréis en concepto básico de crisis de valores: Si estamos en crisis es por carecer de principios y de ideal de revuelta, en pos de una revolución con tal de reparar el daño hecho por una mala gestión por los que, en definición deberían ser los guardianes de nuestro país. En lugar de ello, optamos por una postura costumbrista dotada de aguante digno pero inútil. Permitimos que gente sin escrúpulos arruine no solo un país, si no el nombre de éste.
Pero tras ésto, hay una frontera escondida a la vista que no desentraña sus misterios.
En tiempos de crisis, en tiempos dónde escasean la moneda, los lujos, los presentes, poco a poco desaparecen y se reducen la valía del honor, el orgullo, la fuerza y, en última instancia, la dignidad.
La dignidad...
Una moneda épica escasa en estos tiempo. Con ésta, mi corta vida, ya he sido testigo de la pérdida de dignidad en pos de un deseo de personajes que creí ser portadores de la señera de un corazón inquebrantable.
Y la dignidad humana, bañada en nuestra valentía y tenacidad se merece más que eso. Si por defender tus ideales, creer en tus principios, si por luchar por una causa perdida contra uno o numerosos enemigos, tú solo o acompañado ves comprometida una meta, una moneda, un deseo o un tiempo mejor, opta por dar batalla, pues quizás nunca consigas lo que te propones y pierdas dichas apuestas, pero al menos conservarás el valor de tu persona, no obstante, si te rindes, si vendes tu dignidad al mejor postor y olvidas que la nobleza y la pureza se nutren de tus fuerzas, entonces sí, llegarás a tener bienes elevados, llegarás, quizás, a ser el más envidiado de los seres...
...pero habrá valido la pena no poder mirarte al espejo, a no poder lanzar una sincera mirada a los tuyos, a nunca poder recuperar aquello que te fue arrebatado por el vil metal: la dignidad?
Y si soy capaz de lanzar esta pregunta, es por haber apostado yo mismo, y haber elegido la opción que me permite sonreír sinceramente cuando es necesario, que me deja verme al espejo sin vergüenza, y abrazar a los míos pese a perder quizás, una oportunidad de vender mi alma por un bien.
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Reflexiones
lunes, 4 de marzo de 2013
Confesando.
Hoy va a ser algo distinto, para variar. Hoy no toca ni relato ni reflexión, ni poesía ni carta. Hoy toca sincerarme un poco con un aspecto de mi vida que, a día de hoy, me produce cierta sensación de cansancio y dolor. Aquellos que no entiendan que clase de dolor puede ser ese, les compadezco, pues repito una y mil veces la frase que cierta persona me enseñó: "No hay mayor gloria posible, que luchar por una causa perdida".
Hablo de una persona que ha cambiado. De ser quizás una representación casi literal de la inocencia, del orgullo paterno pese a su actitud, de ser el centro de atención prodigioso de mi mentor; de ser una persona por la que he batallado varias veces, ser un pilar en mi vida, así como sus gestos, su maldita gracia y nuestras peripecias de pequeños, a ser olvido. Olvido quiere decir a no ser más el sol del universo de un hombre, a no ser la amiga de una mujer, a no ser la hermana...de dos hermanos. Ha pasado de ser una princesa, vestida como tal, a ser olvido, vestida de vergüenza.
Hoy, a kilómetros de casa, he recordado ciertos momentos, esbozos de una vida anterior, conceptos olvidados de un cálido pasado que me arropa cuando me encuentro vacío de esperanza y fuerza. Entre todos ellos, destaco aquella mirada vidriosa cuando se portó, de muy niña, y se le comparó su futuro con mis notas. Subió al cuarto de mis padres llorando, y yo tras ella, para consolarla. Recuerdo que le expliqué como estudiar, como ser mejor persona, como no mentir. Pero lo que más recuerdo es aquella frase que aquella personita morena y menuda me dijo mirándome tras aquellos pequeñas y diminutas lágrimas:
-¡De major vull ser com tú! (De mayor quiero ser como tú)
Yo no tendría más de doce años seguramente pero recuerdo que aquella, mi hermana, con sus pequeñas manos abrazándome y llorando por decepcionar a mis padres, a nuestros padres; ella, me hizo sonreír.
La fuerza de aquella convicción fue cambiando poco a poco, mientras que sus notas iban en descenso, así como su voluntad también descendía de esferas, hasta llegar a estos días. Días oscuros sin duda. Cuando más fuerte he tenido que arrimar mi corazón, así como mi hermano y mi progenitora. Cuando más tenaces han debido ser los hermanos de mi padre, tíos míos. Cuando la lluvia se vuelve en una constante en nuestras miradas.
Ella ha fallado. Pero no de manera leve. Ha fallado estrepitosa, brutal y totalmente. Ha fallado en amor, en confianza, lealtad, pasión, tenacidad y, sobretodo, ha fallado en perseverancia, marca de la casa de mi familia. Ha fallado en ver más allá del egoísmo intrínseco que es su vida, así como ha fallado en derramar lágrimas de aquellos que nunca, nunca debieron haberlas derramado.
No escribo este post, este...esta confesión de mi mente si no es con la esperanza de que ella misma lo lea. De que entienda cuanto daño ha sido capaz de infligir en tres almas, ya masacradas, y cuanto queda para que acabe por desembocar en una desgracia.
Solo esperando volver a ver aquella que era la protegida de mi mentor, de mi comandante, de mi padre, de nuestro padre.
Hablo de una persona que ha cambiado. De ser quizás una representación casi literal de la inocencia, del orgullo paterno pese a su actitud, de ser el centro de atención prodigioso de mi mentor; de ser una persona por la que he batallado varias veces, ser un pilar en mi vida, así como sus gestos, su maldita gracia y nuestras peripecias de pequeños, a ser olvido. Olvido quiere decir a no ser más el sol del universo de un hombre, a no ser la amiga de una mujer, a no ser la hermana...de dos hermanos. Ha pasado de ser una princesa, vestida como tal, a ser olvido, vestida de vergüenza.
Hoy, a kilómetros de casa, he recordado ciertos momentos, esbozos de una vida anterior, conceptos olvidados de un cálido pasado que me arropa cuando me encuentro vacío de esperanza y fuerza. Entre todos ellos, destaco aquella mirada vidriosa cuando se portó, de muy niña, y se le comparó su futuro con mis notas. Subió al cuarto de mis padres llorando, y yo tras ella, para consolarla. Recuerdo que le expliqué como estudiar, como ser mejor persona, como no mentir. Pero lo que más recuerdo es aquella frase que aquella personita morena y menuda me dijo mirándome tras aquellos pequeñas y diminutas lágrimas:
-¡De major vull ser com tú! (De mayor quiero ser como tú)
Yo no tendría más de doce años seguramente pero recuerdo que aquella, mi hermana, con sus pequeñas manos abrazándome y llorando por decepcionar a mis padres, a nuestros padres; ella, me hizo sonreír.
La fuerza de aquella convicción fue cambiando poco a poco, mientras que sus notas iban en descenso, así como su voluntad también descendía de esferas, hasta llegar a estos días. Días oscuros sin duda. Cuando más fuerte he tenido que arrimar mi corazón, así como mi hermano y mi progenitora. Cuando más tenaces han debido ser los hermanos de mi padre, tíos míos. Cuando la lluvia se vuelve en una constante en nuestras miradas.
Ella ha fallado. Pero no de manera leve. Ha fallado estrepitosa, brutal y totalmente. Ha fallado en amor, en confianza, lealtad, pasión, tenacidad y, sobretodo, ha fallado en perseverancia, marca de la casa de mi familia. Ha fallado en ver más allá del egoísmo intrínseco que es su vida, así como ha fallado en derramar lágrimas de aquellos que nunca, nunca debieron haberlas derramado.
No escribo este post, este...esta confesión de mi mente si no es con la esperanza de que ella misma lo lea. De que entienda cuanto daño ha sido capaz de infligir en tres almas, ya masacradas, y cuanto queda para que acabe por desembocar en una desgracia.
Solo esperando volver a ver aquella que era la protegida de mi mentor, de mi comandante, de mi padre, de nuestro padre.
E.M.S.A
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Reflexiones
martes, 26 de febrero de 2013
El niño nuevo.
Bilú era un niño como otro cualquiera. Su vida no cambiaba mucho en verdad día tras día. Lo llevaban a la guardería, jugaba, dormía, comía, reía, aprendía y a casa. Esa era su vida en aquellas cuatro paredes. Y así, era feliz, no le faltaban amigos, ni juguetes, ¿qué más podía desear?
Pero un día si que hubo algo diferente. Hubo un niño nuevo. Muchas veces iban niños nuevos, pero era algo normal, enseguida hacía amigos y ya no eran novedad. Dejaban de ser los reyes en poco tiempo. Incluso la pequeña Susy se olvidaba de ellos después de que los demás les hiciesen tanto caso. Pero no, allí había un niño diferente, estaban todos gritando hacia él, en una piña, y no parecían precisamente contentos.
Poco a poco Bilú se fue acercando, y cuando vio al niño nuevo, no entendió muy bien que pasaba. Vio a un niño nuevo, con camiseta amarilla y pantalones morados. Estaba en el suelo llorando mientras los demás le gritaban cosas muy raras, pero Bilí reparó en que estaba un poco sucio aquel niño nuevo. Enseguida lo entendió, ¡aquel niño estaba sucio y los demás le estaban diciendo que se limpiase, pero como lloraba tanto no les oía!
Bilú corrió a por sus toallitas, y al llegar a dáselas, notó como sus amigos y compañeros le miraban mal. Pobrecillos, pensó, tenían envidia de que él fuese a ser el mejor amigo del chico nuevo. Pero por sorpresa, aquel niño le miró la toallita, y se la tiró al suelo, y se fue corriendo al baño llorando. Bilí no entendía nada.
Al llegar su madre, se lo contó, y le dijo que no estaba sucio, que aquel era el color de su piel, que era diferente a la suya, y nada más. Bilú pensó que, aunque lo intentaba, para él eran exactamente iguales. Y por eso cuando se fue a casa se vio al espejo. Él estaba muy limpio, pero...¡eso podía cambiar!
Al día siguiente, Bilú como siempre llegó el primero de todos los niños, pero llevaba escondido algo en sus pantalones. En cuanto su madre se fue, corrió al baño y no salió hasta después de una hora.
Cuando por fin salió, vio lo mismo que el día anterior. El niño nuevo en el suelo llorando, pero al acercarse, todos dejaron de mirarle a él, para dirigir sus miradas hacia él mismo. Todos le estaban viendo, tan sucio con sus ceras de color negro como el niño nuevo. Se sentó a su lado, y éste dejó de llorar por un momento. Le sonrió Bilú, pero él sin embargo le empujó de nuevo mientras volvía a correr al baño llorando. Los demás se burlaron de su nuevo color de piel pero a él no le importaba.
Después, su madre, mientras le lavaba en el baño, le explicó que la gente se suele reír de las personas con pieles diferentes porque les hace gracia y eso hace sentir mal a los que son así. Bilú lo entendió solo a medias, porque los dos días sólo había tratado de ayudar al chico nuevo. Pero tuvo una idea magnífica. Iba a ser amigo de ese niño nuevo, costase lo que costase.
El próximo día, jugó hasta la hora del almuerzo. En ella el niño nuevo se reunía con ellos para comer, así que era el momento ideal. Y justo en el momento en que los demás iban a gritarle y a reírse de él, Bilú apareció.
Al verle con un enorme bigote pintado y un parche en el ojo, también pintado, los demás se rieron de él, pero a él no le importaba nada. Se fue directo a hablar con el niño nuevo, que al verlo, también se rió con él. Todos rieron, y el niño nuevo dejó de llorar al ver que Bilú solo había tratado de ayudarle. Sin embargo, cuando rió, todos vieron sus blancos dientes, y dejaron de reírse de él. Tenía una sonrisa mu bonita, e incluso Susy le dijo "Hola!". Bilú se sintió celoso, pero al ver como el niño nuevo iba a jugar con él, solo pudo sonreír y preguntarle:
-¿A ti te gustan los power rangers, y a ti?
-¡Si!
-¡A mi también! ¡Nos parecemos mucho!
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miércoles, 12 de septiembre de 2012
Divagaciones.
Me vais a perdonar, y con ello me refiero a que no voy a tratar de escribir un artículo, un fragmento con aspecto abstracto o un relato, por ello ya advierto que aquellos que busquen literatura, esta noche, 13 de septiembre, les defraudo.
Hoy es otro día más, para mucha gente. Para mi se ha vuelto el castigo propiamente dicho que la muerte me propina como recuerdo funesto. Inconscientemente, cada 13 de mes, sin ni siquiera darme cuenta, mi alma, siempre, me conlleva a entrar al blog, el blog del que ÉL estaba tan íntegramente orgulloso, y cuando miro la fecha, me quedo siempre estupefacto.
Estos meses he recordado momentos felices que quiero grabar en la memoria virtual para recordarlos mejor, para compartirlos y para en un futuro, que mis hijos conozcan la verdadera bondad de su abuelo ausente.
Recuerdo, al volver de un viaje escolar de fin de curso, que me dijeron, justo al llegar a casa que había fallecido mi abuelo. Mi abuelo era mi mejor amigo entonces. Ni mi madre, ni mi hermano, ni nadie podría haber hecho nada por mi. Mi padre era una persona muy grande, tanto física como mentalmente, y al decirme aquellas palabras, no lloré, no pude hacer nada. Mi padre, siendo tan mayor y grande, siendo tan fuerte y siempre tan natural, nunca mostrando muestras de afecto tan grandes, me abrazó con un sentimiento que NUNCA, NUNCA jamás he sentido y dudo que sienta. Por aquel entonces yo tendría unos 15 años, y sus brazos, su espalda, su cabeza, todo me aprisionó en un abrazo fortalecedor que sumió mis gritos de rabia, de impotencia, todo mi odio, en calma, al menos por unos instantes.
Recuerdo, cuando me operaron del pecho. Mi padre era y siempre será una persona importante, y siempre tenía trabajo. No podía faltar ni un día al trabajo y su nombre era signo de prosperidad. Era una operación menor, pero él insistió fervientemente en quedarse todo el tiempo conmigo hasta que me recuperase. Al decirle que tuve un accidente de moto en que perdí la piel de la rodilla, me miró con ojos vidriosos. Yo, para compensarle, le mostré que podía andar perfectamente. La manera en que sonrió al ver como entraba en el coche con la pierna totalmente recta y el pecho vendado era una recompensa tal que todo dolor se me marchó.
Recuerdo cuando una vez me habló. La pregunté que pensaba exactamente de mi (fue una época difícil para ambos). Íbamos en coche, e íbamos solos. Él, como yo, conducía con una mano al volante y otra en la ventana. Me miró y se rió. Me llamó egoísta y demasiado iluso, y yo me quedé en silencio triste al ver que mi padre pensaba aquello de mi. Al instante me miró con una mirada sincera y me dijo que era la persona más perseverante que jamás había conocido, y que nadie ni nada podría nunca acabar conmigo. La manera en que me sentí fue indescriptible.
Como ya he dicho, no soy de los de llorar de felicidad de la misma manera en que no soy de los que suelen sonreír de manera sincera y natural. Sin embargo, hubo una vez en que mi padre me hizo llorar delante de toda una casa. Fumaba mucho, mucho, pero sus ataques al corazón su estrés y su dieta le provocaron que el médico le prohibiese fumar. Más de una vez lo intentó, y acabó volviendo, siempre argumentando que fumaba porque quería, que podía dejarlo cuando quisiese. Por aquel entonces yo me fui a mi último viaje a Edinburgo, y antes de irme me dijo que iba a volver a dejar de fumar. Le miré y sonreír, sin más. Tengo un correo electrónico que algún día me atreveré a publicar aquí que le envié antes de irme, de manera que no pudiese decirme nada. A las dos semanas me llamó al móvil mientras yo estaba con la família de acogida (Traducción al castellano):
-Hola Vicente.
-Hola Papá.
-Tengo algo que decirte.
-Dime Papá.
-Llevo dos semanas sin fumar, desde que leí tu correo. He dejado de fumar.
La manera en que lloré, sonriendo, disimulando mis sollozos ante el teléfono, diciéndoles a la família con gestos que estaba bien, creo que nunca he sentido nada así porque no hay nada que haya deseado tanto. Simplemente contesté:
-No hay nada que pudiese hacerme más feliz.
Pero aquello era algo lejano a lo que sentía. Me fui a correr, y por dios que tuve más energía de la que jamás había gozado. Corrí y corrí y no logré cansarme por muy lejos que llegué.
A él y a mi nos encantaban las antigüedades. Yo compraba las que me podía permitir y él todas las que veía. Un día llegó a casa con tres cajas de cartón. Se trataban de un rifle español, una pistola de nácar y un calendario maya. Apenas hice caso a las armas y me centré en el precioso y curtido calendario, al ver que contemplaba más el calendario que unas armas de fuego, sonrió, aunque nunca se dio cuenta de que le vi.
En mi casa no era usual dar regalos a los padres, no por nada si no porqué no les hacía falta de nada. Las últimas navidades yo sabía que mis hermanos no le habían comprado nada, y aunque yo no gozaba de una situación económica regular entonces, logré comprarle un regalo, simple pero directo. Al llegar la navidad, todos recibieron un regalo (Mi madre, mi hermana, mi hermano, yo) y mi padre sonrió mientras nos observaba. Yo le miré y le sonreí. Al sacar el regalo que le había comprado, al desenvolver el simple estuche de edición limitada de Diesel, al ver que había sido mi prioridad, sendas lágrimas cayeron por sus mejillas y me abrazó y me besó de una manera que añoro cada noche en que siento el frío de su ausencia.
De pequeño, yo dibujaba casi cada día, y mientras pudieron, mis padres nos mantuvieron con un toque de queda (a las diez a dormir) una noche le hice un dibujo. No recuerdo qué era, pero puedo recordar que ponía algo como tequiero papá, y sonrió ante aquellos garabatos. Mi hermano es ocho años mayor que yo. A mi me abrazó entre sus piernas y me sentó al sofá con él a ver la tele hasta la hora que quise, a mi hermano lo mandó a dormir.
Por último, quiero nombrar la primera vez que vi a mi madre y a mi padre llorar. Ambos eran y son muy parecidos. Fuertes, orgullosos, gente digna y honrada y con un corazón que asusta ver pues su extensión es inmensa. Con nueve años, rebusqué en el altiillo y encontré una foto de mis padres, al casarse. Tengo que mencionar que mis padres se separaron cuando yo tenía 8 años. En esa foto se les veía felices, además, estaba rasgada por abajo, en un hueco en el vestido de boda de mi madre, y no tenía marco. Parecía la portada de una revista olvidada. Sin dudarlo marché a comprarle un marco, y la dependiente sonrió tanto con un niño tan pequeño y tan lleno de convicción que me ayudó de mil formas para arreglar la foto. Le colocamos un pequeño detalle con un oso y un texto que rezaba (Os quiere vuestro hijo, Vicent), le colocamos un marco precioso y lo embalamos en papel de regalo con un lazo. Por la noche senté a mi padre y a mi madre juntos. Les dije que tenía un regalo para ellos. Al abrir el regalo ambos se quedaron mirando la foto. Sus miradas eran ausentes pero llenas de vitalidad. Al final, rompieron a llorar, sonrientes, felices. Las dos personas más fuertes que conocía estaban llorando frente a mi y era por mi culpa. Me sentí mal y empecé a llorar, arrepentido. Al verme, ambos me abrazaron y me besaron, al tiempo que me daban las gracias. Hoy, once años después, la foto descansa, en su marco y su detalle en la misma mesa, en el mismo lugar en el que la colocaron aquella noche.
Siento un post tan personal, pero ya dije mis razones, y creo que cada uno debe ser consecuente con lo que piensa y hace. Gracias de todas formas por atreveros a llegar hasta aquí. Un saludo.
Hoy es otro día más, para mucha gente. Para mi se ha vuelto el castigo propiamente dicho que la muerte me propina como recuerdo funesto. Inconscientemente, cada 13 de mes, sin ni siquiera darme cuenta, mi alma, siempre, me conlleva a entrar al blog, el blog del que ÉL estaba tan íntegramente orgulloso, y cuando miro la fecha, me quedo siempre estupefacto.
Estos meses he recordado momentos felices que quiero grabar en la memoria virtual para recordarlos mejor, para compartirlos y para en un futuro, que mis hijos conozcan la verdadera bondad de su abuelo ausente.
Recuerdo, al volver de un viaje escolar de fin de curso, que me dijeron, justo al llegar a casa que había fallecido mi abuelo. Mi abuelo era mi mejor amigo entonces. Ni mi madre, ni mi hermano, ni nadie podría haber hecho nada por mi. Mi padre era una persona muy grande, tanto física como mentalmente, y al decirme aquellas palabras, no lloré, no pude hacer nada. Mi padre, siendo tan mayor y grande, siendo tan fuerte y siempre tan natural, nunca mostrando muestras de afecto tan grandes, me abrazó con un sentimiento que NUNCA, NUNCA jamás he sentido y dudo que sienta. Por aquel entonces yo tendría unos 15 años, y sus brazos, su espalda, su cabeza, todo me aprisionó en un abrazo fortalecedor que sumió mis gritos de rabia, de impotencia, todo mi odio, en calma, al menos por unos instantes.
Recuerdo, cuando me operaron del pecho. Mi padre era y siempre será una persona importante, y siempre tenía trabajo. No podía faltar ni un día al trabajo y su nombre era signo de prosperidad. Era una operación menor, pero él insistió fervientemente en quedarse todo el tiempo conmigo hasta que me recuperase. Al decirle que tuve un accidente de moto en que perdí la piel de la rodilla, me miró con ojos vidriosos. Yo, para compensarle, le mostré que podía andar perfectamente. La manera en que sonrió al ver como entraba en el coche con la pierna totalmente recta y el pecho vendado era una recompensa tal que todo dolor se me marchó.
Recuerdo cuando una vez me habló. La pregunté que pensaba exactamente de mi (fue una época difícil para ambos). Íbamos en coche, e íbamos solos. Él, como yo, conducía con una mano al volante y otra en la ventana. Me miró y se rió. Me llamó egoísta y demasiado iluso, y yo me quedé en silencio triste al ver que mi padre pensaba aquello de mi. Al instante me miró con una mirada sincera y me dijo que era la persona más perseverante que jamás había conocido, y que nadie ni nada podría nunca acabar conmigo. La manera en que me sentí fue indescriptible.
Como ya he dicho, no soy de los de llorar de felicidad de la misma manera en que no soy de los que suelen sonreír de manera sincera y natural. Sin embargo, hubo una vez en que mi padre me hizo llorar delante de toda una casa. Fumaba mucho, mucho, pero sus ataques al corazón su estrés y su dieta le provocaron que el médico le prohibiese fumar. Más de una vez lo intentó, y acabó volviendo, siempre argumentando que fumaba porque quería, que podía dejarlo cuando quisiese. Por aquel entonces yo me fui a mi último viaje a Edinburgo, y antes de irme me dijo que iba a volver a dejar de fumar. Le miré y sonreír, sin más. Tengo un correo electrónico que algún día me atreveré a publicar aquí que le envié antes de irme, de manera que no pudiese decirme nada. A las dos semanas me llamó al móvil mientras yo estaba con la família de acogida (Traducción al castellano):
-Hola Vicente.
-Hola Papá.
-Tengo algo que decirte.
-Dime Papá.
-Llevo dos semanas sin fumar, desde que leí tu correo. He dejado de fumar.
La manera en que lloré, sonriendo, disimulando mis sollozos ante el teléfono, diciéndoles a la família con gestos que estaba bien, creo que nunca he sentido nada así porque no hay nada que haya deseado tanto. Simplemente contesté:
-No hay nada que pudiese hacerme más feliz.
Pero aquello era algo lejano a lo que sentía. Me fui a correr, y por dios que tuve más energía de la que jamás había gozado. Corrí y corrí y no logré cansarme por muy lejos que llegué.
A él y a mi nos encantaban las antigüedades. Yo compraba las que me podía permitir y él todas las que veía. Un día llegó a casa con tres cajas de cartón. Se trataban de un rifle español, una pistola de nácar y un calendario maya. Apenas hice caso a las armas y me centré en el precioso y curtido calendario, al ver que contemplaba más el calendario que unas armas de fuego, sonrió, aunque nunca se dio cuenta de que le vi.
En mi casa no era usual dar regalos a los padres, no por nada si no porqué no les hacía falta de nada. Las últimas navidades yo sabía que mis hermanos no le habían comprado nada, y aunque yo no gozaba de una situación económica regular entonces, logré comprarle un regalo, simple pero directo. Al llegar la navidad, todos recibieron un regalo (Mi madre, mi hermana, mi hermano, yo) y mi padre sonrió mientras nos observaba. Yo le miré y le sonreí. Al sacar el regalo que le había comprado, al desenvolver el simple estuche de edición limitada de Diesel, al ver que había sido mi prioridad, sendas lágrimas cayeron por sus mejillas y me abrazó y me besó de una manera que añoro cada noche en que siento el frío de su ausencia.
De pequeño, yo dibujaba casi cada día, y mientras pudieron, mis padres nos mantuvieron con un toque de queda (a las diez a dormir) una noche le hice un dibujo. No recuerdo qué era, pero puedo recordar que ponía algo como tequiero papá, y sonrió ante aquellos garabatos. Mi hermano es ocho años mayor que yo. A mi me abrazó entre sus piernas y me sentó al sofá con él a ver la tele hasta la hora que quise, a mi hermano lo mandó a dormir.
Por último, quiero nombrar la primera vez que vi a mi madre y a mi padre llorar. Ambos eran y son muy parecidos. Fuertes, orgullosos, gente digna y honrada y con un corazón que asusta ver pues su extensión es inmensa. Con nueve años, rebusqué en el altiillo y encontré una foto de mis padres, al casarse. Tengo que mencionar que mis padres se separaron cuando yo tenía 8 años. En esa foto se les veía felices, además, estaba rasgada por abajo, en un hueco en el vestido de boda de mi madre, y no tenía marco. Parecía la portada de una revista olvidada. Sin dudarlo marché a comprarle un marco, y la dependiente sonrió tanto con un niño tan pequeño y tan lleno de convicción que me ayudó de mil formas para arreglar la foto. Le colocamos un pequeño detalle con un oso y un texto que rezaba (Os quiere vuestro hijo, Vicent), le colocamos un marco precioso y lo embalamos en papel de regalo con un lazo. Por la noche senté a mi padre y a mi madre juntos. Les dije que tenía un regalo para ellos. Al abrir el regalo ambos se quedaron mirando la foto. Sus miradas eran ausentes pero llenas de vitalidad. Al final, rompieron a llorar, sonrientes, felices. Las dos personas más fuertes que conocía estaban llorando frente a mi y era por mi culpa. Me sentí mal y empecé a llorar, arrepentido. Al verme, ambos me abrazaron y me besaron, al tiempo que me daban las gracias. Hoy, once años después, la foto descansa, en su marco y su detalle en la misma mesa, en el mismo lugar en el que la colocaron aquella noche.
Siento un post tan personal, pero ya dije mis razones, y creo que cada uno debe ser consecuente con lo que piensa y hace. Gracias de todas formas por atreveros a llegar hasta aquí. Un saludo.
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Santiago Magraner Magraner
domingo, 9 de septiembre de 2012
A luchar!
Debido a ciertos sucesos ocurridos los últimos días, pese a las mil y una calamidades (propias de la exageración de la edad) me siento pletórico, lleno de energías, capaz de enfrentarme a un huracán. Volví de un viaje con la moral y la tenacidad rotos por el abandono de sus facultades, me sentía débil y, en verdad, la idea de rendirme pasaba por mi mente más de una vez al día.
De repente, tras estudiar, me dispuse a ver la tele. Creo que nadie, ni mil canciones ni mil amigos, ni mil amores me habrían conferido la misma fuerza interior. La misma vergüenza por querer siquiera desistir. De hecho, impropio en mi, me dispuse a dejarme llevar, a gritarle a la tele.
Lo que vi, lo que me ha conferido una fuerza que desaparece y vuelve a placer fueron los juegos paraolímpicos. Vi en especial la competición de natación. El primero, un brasileño con la mitad de los brazos, sólo uno de ellos tenía un pequeño apéndice a forma de dedo. El segundo, un americano con solo la mitad del bíceps. El tercero, mi último héroe, y al pensar en él, no puedo mas que acallar unas lágrimas que me vuelven más fuerte.
El brasileño celebró su oro sonriendo, lógico. El americano se mostró frío ante su plata. Pero sin duda el tercer clasificado mundial, el coreano fue el auténtico protagonista. Un joven coreano, sin literalmente brazos, sólo dos muñones a la altura de los hombros, había logrado quedar tercero. Pero no podía más que sonreír de una manera extasiada, casi llorando, sonriendo y riendo, agradeciendo cada foco, cada foto, cada aplauso. Los comentadores halabaron todos y cada uno de sus gestos y, en el momento en que le entregaron el ramo de flores y lo cogió, sujetándolo con su cabeza y su hombro, contorsionándose, no pude más que aplaudir desde casa.
Eso me hizo salir a fuera y mirar el cielo. Escuché lo que había aprendido o me acababan de recordar, me escuché a mi mismo hace años. Que nunca hay un obstáculo lo suficientemente alto o extenso como para no poder superarlo. Que sólo la soledad nos quiebra el alma, pero es tan cobarde que sólo aparece cuando nos encontramos débiles. Que una sonrisa puede iluminar el mundo más oscuro, y que una risa puede romper el silencio más sepulcral. Que un logro no vale si no lo que nosotros le otorguemos. Que no hay valor alguno en conseguir lo posible, QUE HAY QUE DARLO TODO Y MAS POR AQUELLO QUE NO SOMOS CAPACES DE CONSEGUIR. Si un pájaro puede volar meses enteros, yo puedo luchar años seguidos. Si la lluvia logra erosionar montañas enteras, yo puedo moverlas. Si el sol puede darme la vida, yo la viviré con la misma fuerza. Si el barro sigue mojado, caeré sobre él todas las veces que haga falta, pra volver a levantarme.
La voluntad humana es tan fuerte, que muchas veces me impresiono sobremanera. Vuelvo a leer, vuelvo a escribir, vuelvo a dibujar, vuelvo a luchar por mis sueños y vuelvo a sentir que aquellos que no están, siguen conmigo. Sueño con ellos, y mi mismo corazón conoce su ausencia pues hace tratos irrisorios con mi subconsciente, los soborna y mis sueños, aunque incoherentes, me parecen realidades. ¿Por qué? Porque en mis sueños siguen aquellos que ya no están enseñándome. Me siguen arropando y me siguen tratando con la dureza del soldado. Siguen mirándome como un nietom como un sobrin...como un hijo. Hoy el sueño ha sido más nítido que nunca y he sonreído pues me ha otorgado la fuerza necesaria.
Así pues, si soy capaz de sonreír entre una tormenta, si soy capaz de abrazar con mis brazos a todos aquellos que ya no están, si mi alma es capaz de hablar con ellos cada noche...¿qué puedo temer? ¿Qué podéis temer vosotros? Levantarse es el único pecado del luchador. Cuando pienso en mi nombre, en mi herencia, siento que soy la chispa de una llama que jamás debe ocultarse.
Así pues...
De repente, tras estudiar, me dispuse a ver la tele. Creo que nadie, ni mil canciones ni mil amigos, ni mil amores me habrían conferido la misma fuerza interior. La misma vergüenza por querer siquiera desistir. De hecho, impropio en mi, me dispuse a dejarme llevar, a gritarle a la tele.
Lo que vi, lo que me ha conferido una fuerza que desaparece y vuelve a placer fueron los juegos paraolímpicos. Vi en especial la competición de natación. El primero, un brasileño con la mitad de los brazos, sólo uno de ellos tenía un pequeño apéndice a forma de dedo. El segundo, un americano con solo la mitad del bíceps. El tercero, mi último héroe, y al pensar en él, no puedo mas que acallar unas lágrimas que me vuelven más fuerte.
El brasileño celebró su oro sonriendo, lógico. El americano se mostró frío ante su plata. Pero sin duda el tercer clasificado mundial, el coreano fue el auténtico protagonista. Un joven coreano, sin literalmente brazos, sólo dos muñones a la altura de los hombros, había logrado quedar tercero. Pero no podía más que sonreír de una manera extasiada, casi llorando, sonriendo y riendo, agradeciendo cada foco, cada foto, cada aplauso. Los comentadores halabaron todos y cada uno de sus gestos y, en el momento en que le entregaron el ramo de flores y lo cogió, sujetándolo con su cabeza y su hombro, contorsionándose, no pude más que aplaudir desde casa.
Eso me hizo salir a fuera y mirar el cielo. Escuché lo que había aprendido o me acababan de recordar, me escuché a mi mismo hace años. Que nunca hay un obstáculo lo suficientemente alto o extenso como para no poder superarlo. Que sólo la soledad nos quiebra el alma, pero es tan cobarde que sólo aparece cuando nos encontramos débiles. Que una sonrisa puede iluminar el mundo más oscuro, y que una risa puede romper el silencio más sepulcral. Que un logro no vale si no lo que nosotros le otorguemos. Que no hay valor alguno en conseguir lo posible, QUE HAY QUE DARLO TODO Y MAS POR AQUELLO QUE NO SOMOS CAPACES DE CONSEGUIR. Si un pájaro puede volar meses enteros, yo puedo luchar años seguidos. Si la lluvia logra erosionar montañas enteras, yo puedo moverlas. Si el sol puede darme la vida, yo la viviré con la misma fuerza. Si el barro sigue mojado, caeré sobre él todas las veces que haga falta, pra volver a levantarme.
La voluntad humana es tan fuerte, que muchas veces me impresiono sobremanera. Vuelvo a leer, vuelvo a escribir, vuelvo a dibujar, vuelvo a luchar por mis sueños y vuelvo a sentir que aquellos que no están, siguen conmigo. Sueño con ellos, y mi mismo corazón conoce su ausencia pues hace tratos irrisorios con mi subconsciente, los soborna y mis sueños, aunque incoherentes, me parecen realidades. ¿Por qué? Porque en mis sueños siguen aquellos que ya no están enseñándome. Me siguen arropando y me siguen tratando con la dureza del soldado. Siguen mirándome como un nietom como un sobrin...como un hijo. Hoy el sueño ha sido más nítido que nunca y he sonreído pues me ha otorgado la fuerza necesaria.
Así pues, si soy capaz de sonreír entre una tormenta, si soy capaz de abrazar con mis brazos a todos aquellos que ya no están, si mi alma es capaz de hablar con ellos cada noche...¿qué puedo temer? ¿Qué podéis temer vosotros? Levantarse es el único pecado del luchador. Cuando pienso en mi nombre, en mi herencia, siento que soy la chispa de una llama que jamás debe ocultarse.
Así pues...
Seré hoy un mandoble sangriento,
mañana, sin embargo, una daga dura y poderosa;
mañana, sin embargo, una daga dura y poderosa;
seré un escudo capaz de detener el viento
y una guadaña incapaz de cortar una rosa.
y una guadaña incapaz de cortar una rosa.
¡A luchar, a luchar soldados!
Pues es el mañana un campo de batalla ténue,
no hay lugar en que mis fuerzas no sean la de mis hermanos
no hay lugar en que mis fuerzas no sean la de mis hermanos
pues en ellos hallo la salida a éste mundo abandonado tristemente.
¡A luchar!
Nunca olvido sonreír, y más fuerte sonrío
cuánto más fuerte es el enemigo a derribar.
Ésa es la belleza del soldado que ha vencido.
A luchar, a vencer, a ganar.
Cualquiera que sea el enemigo, caerá
y si no es así, besaré el fango mil veces más
pues jamás me rendiré, jamás mi alma decaerá.
¡Mil veces caeré, lo aseguro!
¡Pero dos mil de ellas me levantaré!
Y si llega el día en que no me muevo, en que pierdo el mundo
lo juro, me levantaré, me levantaré. Me levantaré.
lo juro, me levantaré, me levantaré. Me levantaré.
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domingo, 22 de abril de 2012
Una herencia.
Hoy, y desde hace días ya, ha habido un único pensamiento que ha inundado mi mente hasta el punto en que me ha obsesionado. Me he aislado de todo y de todos, procurándome un tiempo para mi, en el que poder reflexionar y definir mi alma.
Aquello que me obsesiona, aquello que hoy creo por fin entender, aquello, es el qué es una herencia.
Muchos verán en este tema una trivialidad, una estupidez o un sin sentido; para mi, y para gente como yo, es lo único que se pide, lo único que se anhela y lo que más se busca. Su búsqueda es, como una aventura semejante a la del héroe medieval; se tiene el camino inexplorado, el objetivo anhelado y, por su puesto, el amor incondicional de una persona.
Pero, ¿Qué es realmente esa meta? ¿Qué puede buscar alguien, en una herencia?
Busca varias cosas, por supuesto. Sobretodo, respuestas. Sobretodo, recuerdos. Sobretodo, presencia.
Pero creo que ya sé que es aquello que realmente es una herencia en nosotros, y lo defino de esta manera en que escribí el otro día, en una de mis noches insomnes en que no logré deshabitar de mi ese miedo que me atenaza constantemente en estos días tenebrosos.
Aquello que me obsesiona, aquello que hoy creo por fin entender, aquello, es el qué es una herencia.
Muchos verán en este tema una trivialidad, una estupidez o un sin sentido; para mi, y para gente como yo, es lo único que se pide, lo único que se anhela y lo que más se busca. Su búsqueda es, como una aventura semejante a la del héroe medieval; se tiene el camino inexplorado, el objetivo anhelado y, por su puesto, el amor incondicional de una persona.
Pero, ¿Qué es realmente esa meta? ¿Qué puede buscar alguien, en una herencia?
Busca varias cosas, por supuesto. Sobretodo, respuestas. Sobretodo, recuerdos. Sobretodo, presencia.
Pero creo que ya sé que es aquello que realmente es una herencia en nosotros, y lo defino de esta manera en que escribí el otro día, en una de mis noches insomnes en que no logré deshabitar de mi ese miedo que me atenaza constantemente en estos días tenebrosos.
Ser tú, ser aquello que fuiste y serás;
ser, grande y noble, como el viento,
ser, sincero, confiarme tu verdad
ser, sincero, confiarme tu verdad
que la gente sepa que nunca miento.
Ser, ser como eres; presente y amable;
ser, ¿qué si no? ser tú, fuerte,
pues todo lo que quiero ser, es imitarte
pues hay que ser poderoso, para ser sonriente.
pues todo lo que quiero ser, es imitarte
pues hay que ser poderoso, para ser sonriente.
Ser, tu sonrisa; ser tu orgullo,
ser tu herencia en éste mundo sombrío;
ser tu herencia en éste mundo sombrío;
ser tu carencia, ser todo lo que ya no es tuyo:
una sonrisa que levante al mas hundido.
Ser, por ti, todo lo que me propuse
todo lo que me propusiste;
todo lo que me propusiste;
pues por mucho que se me cruce
se que estarás conmigo, para que no me despiste.
se que estarás conmigo, para que no me despiste.
Ser, un ejemplo, ser tus ojos;
ser una mirada fugaz llena de ternura y valor;
mirar al miedo, no cesar en buscar el logro;
pues tu nunca cesaste, en ser el mejor.
Ser, lo que tu me enseñaste y que aún perdura,
una herencia permanente en la tierra;
una herencia permanente en la tierra;
una persona sin miedo a la tortura
de este mundo que siempre encierra.
de este mundo que siempre encierra.
Ser tu legado, tu sonrisa inimitable;
tu mirada iluminada por el cariño y el amor
aquella fuerza de gigante
y aquellos abrazos, insignes caminos al corazón.
y aquellos abrazos, insignes caminos al corazón.
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Santiago Magraner Magraner
miércoles, 22 de febrero de 2012
Consejos para la selectividad.
Bueno aprovechando esta sequía sentimental que me abarca, que tengo un ratito libre y que en general, tengo experiencia en el selectivo por hacerlo ya una vez, voy a escribir una serie de consejos para aquellos que aún no lo hayan pasado puedan tener algo mas de ventaja.
-Si tienes buena caligrafía, tómate algo que te excite en los exámenes más largos (Filosofia, Historia y Castellano) pues podrás acabar pronto, y repasarlo de manera adecuada. Si por el lado contrario, tienes una caligrafia horrible (servidor) tómate algo que te tranquilice, yo en concreto me tomo píldoras de hierbas llamadas Enrelax, y ten mucho cuidado en el orden de las cosas.
-Es un tópico, pero lee bien las preguntas, y tras elegir que opción te apaña mas, coge con un bolígrafo y rodea las preguntas que vas a hacer. Tras una hora de examen es fácil que acabes con un "cacao" mental y confundas opciones (servidor) con lo cual estás perdido.
-Si vas a preguntar algo, muéstrate no simpático, sino mas bien enterado, pero perdido, es decir, haz como si algo de lo que no te acuerdas justamente ha salido, y dale todos los datos mientras se lo preguntas. Si es buena persona (conmigo lo fueron) te dirán pistas o hasta la solución.
-En valenciano, pregunta en valenciano, en castellano, pregunta en castellano, es lógica pura, pero en inglés échaleun par de cojones valor. En mi examen preguntaron muchas personas y no les dijeron nada. Yo terminé el primero y le hice varias preguntas a la profesora en inglés, y me corrigió pequeños errores ortográficos con una sonrisa. Lo mismo se aplica a francés.
-En castellano, valenciano y filosofía vete directo a las preguntas largas. Elige la opción según la dificultad de la literatura-redacción de autor, ya que todo lo demás es razonamientos de conceptos, pero la literatura-redacción es tal cual es, por tanto debes decantarte por una, ¿Qué menos que sea la que mas sabemos?
-Estudia para el selectivo todo, todo lo que puedas. Son solo dos semanas, una semana...¿Qué mas da? Puedes arrepentirte toda tu vida por no haberte estudiado ese tema de biología a cambio de perderte un día con los amigos...
-Los 3-4 días de selectivo, vas a tener que hacer un sacrificio...no estudies. Puede sonar estúpido, pero el dormir, respirar un poco de aire puro, mirar el cielo sin pensar en nada te ayudará mas que pasarte dos horas memorizando algo que en dos semanas ya te has grabado en tu cerebro.
-En biología, mételo todo. Si te preguntan qué es un lípido, por dios, no temas ponerle hasta de dónde proviene el nombre (es broma) dile las funciones, tipos, estructuras, formas, características... En biología aseguro que es una batalla por ver quién se ha empollado mas cosas, y por ello os van a bajar o subir puntos.
-En filosofía, no comparéis. Es un error que os puede salir caro. En la última pregunta yo siempre defiendo el ser el tío mas raro que se encuentre el corrector. Con platón, meted la iglesia, con Nietzsche a Lovecraft o alguna novela que se meta con dioses y los ridiculiza, con Epicuro y Séneca comparadlo con lo correcto y lo incorrecto de nuestra sociedad, con Hume meted que lo que dice es demostrable solamente mediante un niño pequeño que no sabe nada...pero no comparéis autores entre sí...el corrector acabará hasta las narices.
-En ciencias, sed muy, muy claros, y mirad algún documental o algo del tema que estudiéis. Os van a hacer preguntas tremendamente rebuscadas, no os vendáis barato.
-Y, por último, intentad por todo, escribir 1 CUESTIÓN POR FOLIO, es decir, tenéis espacio mas que de sobra, la PREGUNTA NÚMERO 1 en el folio 1, la pregunta 2, en el folio 2, así si os olvidáis de algo, podréis rellenarlo sin que quede mal.
Si recuerdo mejores y mas consejos los subiré, gracias por leerme y si dudáis de algo solamente escribirlo.
Hoy me han enviado un enlace muy interesante para los que vayais a hacer la selec: https://www.examtime.com/es/selectividad/guia-preparacion/
Es totalmente fiable, con distintos consejos para selectividad (15 páginas) y tiene un trabajo importante, ¡echadle un ojo!
-Si tienes buena caligrafía, tómate algo que te excite en los exámenes más largos (Filosofia, Historia y Castellano) pues podrás acabar pronto, y repasarlo de manera adecuada. Si por el lado contrario, tienes una caligrafia horrible (servidor) tómate algo que te tranquilice, yo en concreto me tomo píldoras de hierbas llamadas Enrelax, y ten mucho cuidado en el orden de las cosas.
-Es un tópico, pero lee bien las preguntas, y tras elegir que opción te apaña mas, coge con un bolígrafo y rodea las preguntas que vas a hacer. Tras una hora de examen es fácil que acabes con un "cacao" mental y confundas opciones (servidor) con lo cual estás perdido.
-Si vas a preguntar algo, muéstrate no simpático, sino mas bien enterado, pero perdido, es decir, haz como si algo de lo que no te acuerdas justamente ha salido, y dale todos los datos mientras se lo preguntas. Si es buena persona (conmigo lo fueron) te dirán pistas o hasta la solución.
-En valenciano, pregunta en valenciano, en castellano, pregunta en castellano, es lógica pura, pero en inglés échale
-En castellano, valenciano y filosofía vete directo a las preguntas largas. Elige la opción según la dificultad de la literatura-redacción de autor, ya que todo lo demás es razonamientos de conceptos, pero la literatura-redacción es tal cual es, por tanto debes decantarte por una, ¿Qué menos que sea la que mas sabemos?
-Estudia para el selectivo todo, todo lo que puedas. Son solo dos semanas, una semana...¿Qué mas da? Puedes arrepentirte toda tu vida por no haberte estudiado ese tema de biología a cambio de perderte un día con los amigos...
-Los 3-4 días de selectivo, vas a tener que hacer un sacrificio...no estudies. Puede sonar estúpido, pero el dormir, respirar un poco de aire puro, mirar el cielo sin pensar en nada te ayudará mas que pasarte dos horas memorizando algo que en dos semanas ya te has grabado en tu cerebro.
-En biología, mételo todo. Si te preguntan qué es un lípido, por dios, no temas ponerle hasta de dónde proviene el nombre (es broma) dile las funciones, tipos, estructuras, formas, características... En biología aseguro que es una batalla por ver quién se ha empollado mas cosas, y por ello os van a bajar o subir puntos.
-En filosofía, no comparéis. Es un error que os puede salir caro. En la última pregunta yo siempre defiendo el ser el tío mas raro que se encuentre el corrector. Con platón, meted la iglesia, con Nietzsche a Lovecraft o alguna novela que se meta con dioses y los ridiculiza, con Epicuro y Séneca comparadlo con lo correcto y lo incorrecto de nuestra sociedad, con Hume meted que lo que dice es demostrable solamente mediante un niño pequeño que no sabe nada...pero no comparéis autores entre sí...el corrector acabará hasta las narices.
-En ciencias, sed muy, muy claros, y mirad algún documental o algo del tema que estudiéis. Os van a hacer preguntas tremendamente rebuscadas, no os vendáis barato.
-Y, por último, intentad por todo, escribir 1 CUESTIÓN POR FOLIO, es decir, tenéis espacio mas que de sobra, la PREGUNTA NÚMERO 1 en el folio 1, la pregunta 2, en el folio 2, así si os olvidáis de algo, podréis rellenarlo sin que quede mal.
Si recuerdo mejores y mas consejos los subiré, gracias por leerme y si dudáis de algo solamente escribirlo.
Hoy me han enviado un enlace muy interesante para los que vayais a hacer la selec: https://www.examtime.com/es/selectividad/guia-preparacion/
Es totalmente fiable, con distintos consejos para selectividad (15 páginas) y tiene un trabajo importante, ¡echadle un ojo!
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Reflexiones
viernes, 10 de febrero de 2012
Motivación
Hoy rescaté un texto de mi propia cosecha, escrito en uno de los momentos mas peliagudos de mi vida, y que al leerlo hoy con la música adecuada me ha hecho llorar. Espero que os guste y un abrazo.
¿Alguna vez te sentiste como si todo lo que ves, todo lo que tienes, todo lo que, con tremendo esfuerzo, construiste, y disfrutaste, se viene abajo con lenta velocidad, poco a poco, desde los cimientos, hasta la cima?
¿Qué, con tu inquebrantable voluntad, con tu sudor, con la sangre que derramas en cada movimiento, no puedes vencer a la impotencia que te rodea?
¿Qué, por mucho que hagas, tu vida no es nada? ¿Que tu familia no es nada, que tus amigos no son nada, que tu futuro, no es…nada?
¿Qué, debes estar en mil sitios a la vez, para mantener el equilibrio que, aunque inestable, desbalanceado, débil, estúpidamente importante, necesitas para poder salir de este, tu agujero de impotencia?
¿Sentiste alguna vez que, pegaste los edificios de tu felicidad con cintas adhesivas, te curaste las heridas con sal, que tu mundo vuelve, en apariencia, a al normalidad, pero de pronto todo cae, y te hace rodar entre sal y cristales?
Bien, pues cuando sientas que todo pierde valor, que tu vida es como una moneda en la hucha de la eterna monotonía de un mundo que no te echa una mano, simplemente mira arriba, mira abajo, mira adonde sea, pero recuerda siempre, que la mayor fuerza motora del universo es tu propia voluntad, es tu vida, tus "si, yo puedo", son tus ganas de mejorar, tu voluntad de hierro que, aunque débil, para todos los golpes de los obstáculos que en tu vida deberás esquivar.
Nada más es la vida que un obstáculo de adversidades, de objetivos, de alegrías y tristezas, y ahí entras tú, y tú decides si la abundancia serán las alegrías, o las tristezas, si marcharás a la cama para pensar en lo bien que ha sido hoy el día, y lo mejor que será mañana, o si dormirás en tu fría cama, deseando no despertar jamás.
Todo depende de ti, tu vida, tu amistad....tu amor, todo, si quieres algo, debes luchar por ello, y, aunque sea difícil, y en apariencia se vea complicado, casi imposible, más vale fallar delante de la puerta cerrada, que no acercarse nunca a la entrada abierta, el destino es solo un lienzo, el cual tú, con tu espíritu debes pintar, decorar, mejorar.
Y cuando llores, cuando las amargas lágrimas broten de tus ojos, no dejes que nadie te diga que no debes hacerlo, llora, no toques ninguna de ellas, deja que caigan por tus sonrosadas mejillas, pues entonces demostrarás que necesitas ayuda, que eres humano, y tu caparazón de soledad desaparecerá, y te sentirás aliviado, llorando notarás como te vacías como la mitad de un reloj de arena, dispuesto a luchar por todo, DISPUESTO A DARLO TODO DIA A DIA, SIN MIRAR ATRÁS, DANDO EL TODO POR EL TODO, SABIENDO QUE HAGAS LO QUE HAGAS, TE SENTIRÁS BIEN, SABRÁS QUE LO HICISTE BIEN, Y HABRÁS ECHO SENTIR BIEN A OTROS.
Eso, es lo que es en parte, lo que cada uno de nosotros deberemos hacer, habrá momentos de bajón, yo mismo estoy pasando uno de ellos, pero no me siento o me río a que las cosas cambien por si solas, me levanto, con esfuerzo, hago todo lo que creo que puede mejorar mi vida y la de los demás, y es más, me esfuerzo aún mas cuando, al pensar en los demás, me viene a la mente toda esa gente que no quiere cambiar, y cambio, solo para demostrar, a todo un mundo, que es posible hacer lo que uno quiera, a cambio de obtener lo que se quiere
Un amigo, un trabajo, una familia...
Todos y cada uno de nosotros somos novas de energía dispuestas a ser explotadas en mitad de una escasez de lluvia de cambios, y debemos explotar, dar lo que nuestro corazón nunca ha dado.
Pero recordad siempre, ser fieles a vosotros mismos, no a los demás, eso irá después, debéis de aseguraros de que cuando hagas algo, os sintáis bien, y, si no lo hacéis, hacerlo de manera que os sintáis bien.
Las grandes obras, los grandes monumentos, empiezan por un ladrillo…¿y si el ladrillo, es levantarte? ¿Y si es mirar al cielo, mirar al frente, fruncir el ceño, y gritar que te sientes bien? ¿Qué incluso estando en el arroyo, vives mejor que los que viven sin ninguna molestia?
Es más, ¿Qué mérito tiene vivir, si no luchamos por ello?
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miércoles, 1 de febrero de 2012
Música a la carta.
Y cuando miro a la gente entre las calles, escuchando música, sé quienes de ellos se apartan del ganado, del camino construido por unos, y que otros sin ganas de esforzarse van a seguir. Veo como, con el tiempo, la gente ha decidido que dos palabras valgan mas que una poesía magistralmente compuesta. Veo que un ritmo básico, mecánico y aburrido tiene más éxito que poetas, escritores, autores, compositores, músicos, cantantes y un equipo entero pensando si colocar un "Mi" o un "Fa". Veo como mientras voces bendecidas con notas agudas como trompetas, o graves como el océano se ensordecen frente al bum de la música de moda.
Y me siento indignado.
Pues no es mas que un ejemplo de nuestra sociedad de consumo y pérdida de valores básicos, como el esfuerzo, la belleza, el arte, el amor, la pasión y el gusto, para dejar ver la arrogancia, la simpleza, el consumismo de notas fáciles, letras incoherentes, estúpidas, infantiles y en ocasiones hasta in concluyentes.
Se dice que esta, nuestra sociedad, viaja sin pausa hacia un futuro glorioso, lleno de avances tecnológicos.
Preveo la muerte del papel, en los dedos de los amantes de la lectura.
Preveo la muerte del verde, bajo el gris.
Preveo la tos sobre la mirada hacia el cielo.
Pero espero, pido y lucho porque la música, arte que permite cualquier hazaña para un ser humano, nunca deje de ser lo que fue en un tiempo, lo que debe ser, lo que realmente es: ARTE.
Y me siento indignado.
Pues no es mas que un ejemplo de nuestra sociedad de consumo y pérdida de valores básicos, como el esfuerzo, la belleza, el arte, el amor, la pasión y el gusto, para dejar ver la arrogancia, la simpleza, el consumismo de notas fáciles, letras incoherentes, estúpidas, infantiles y en ocasiones hasta in concluyentes.
Se dice que esta, nuestra sociedad, viaja sin pausa hacia un futuro glorioso, lleno de avances tecnológicos.
Preveo la muerte del papel, en los dedos de los amantes de la lectura.
Preveo la muerte del verde, bajo el gris.
Preveo la tos sobre la mirada hacia el cielo.
Pero espero, pido y lucho porque la música, arte que permite cualquier hazaña para un ser humano, nunca deje de ser lo que fue en un tiempo, lo que debe ser, lo que realmente es: ARTE.
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domingo, 27 de noviembre de 2011
Accidente de moto.
Hoy voy a hablar de algo que me ocurrió hace poco mas o menos un mes. Cuando ocurrió, y hasta hoy que viejas heridas se han abierto lo he ignorado, me lo he tomado con humor, me he reído y he disimulado cada uno de los dolores que me atenazaron.
Hace unos días, creo que fue exactamente el día 3 de noviembre, me dirigía a un pueblo cercano a recoger un encargo. Iba con mi chaqueta de cuero, mi casco integral, unos vaqueros y sin guantes (a las 7 de la tarde, en invierno, recién mojado y sin guantes, olé yo). Para salir de mi localidad hay que atravesar una recta de unos dos kilómetros. Estaba mojada pero no había ningún problema, mi moto, a la que adoro, siempre me ha servido para todo.
Justamente me estaba sacando el carnet de coche, y por instinto, costumbre, no se, pero seguía todas las señas a raja tabla. Había 3 coches delante de mi, y yo me di unos 20-25 metros de distancia. Yo iba centrado en mi moto, pues con el frío me encanta correr,
De repente, y sin explicación alguna, el coche delante de mi, a unos 20-25 metros, se detiene totalmente. A 80 Km/H el coche delante de mi se detiene, y yo reacciono como puedo. Miro adelante y veo que viene un coche de cara. El arcén estaba invadido por cajones y demás menesteres, así que me la jugué a la única carta que pude: Frené en seco, pues no me quedarían mas de 10 metros.
Mi moto tiene ya dos años. Es roja, grande y de 125cc. Me encanta. Cuando caí, noté mi cuerpo dar vueltas sobre sí mismo, sentí un duro golpe en la cabeza, pero el casco, comprado por internet, me dio una seguridad abismal (no se rompió ni nada) y entendí que por culpa del asfalto mojad, Mi rueda delantera se había resbalado, y había tirado para un lado. Conclusión, yo en el suelo rodando mientras mi moto se arrastraba metros adelante.
Lo primero que hice tras caer fue mirar mi moto a lo lejos, viendo también como el coche que había frenado en seco se ponía en el arcén y de él bajaba una mujer. No me importaba en verdad. Estaba preocupado por mi moto, pues le tenía mucho cariño.
Me quedé entonces en el suelo. quieto, justo en medio de la carretera. ¿Mal, no? La mitad me han recriminado ello, pero cuando ves tu mano izquierda sin piel, tu palma derecha sin nada mas que sangre, y en tu rodilla izquierda un agujero en la tela del pantalón, y con ello te ves el hueso, lo primero que piensas es en verificar si tienes algo roto. Me levanté por mi propio pie y un hombre me ayudó, pero le denegué la ayuda. Estaba muy nervioso, enfadado y sabía que tenía que apartarme. Cogí la moto con la ayuda de aquel hombre y la coloqué en el arcén. Era de noche, no podía decir si tenía algo roto.
Entonces vino un buen hombre, un hombre de mi pueblo que apenas conocía. Su nombre, digamos, es PM, no me gusta dar nombres en mis escritos, pero si él lo leyese sabría que me refiero a él. Me dijo que no me preocupase, que él me llevaría la moto a casa y se lo diría a mi madre. Mi madre estaba de cena de amigas aquella vez, y le pedí que no lo hiciese. Él me dijo que no lo haría.
Varios amigos de mi pueblo (mayores que yo) fueron tremendamente ables, y llamaron a la ambulancia y a la guardia civil. Exageraron un poco pues yo andaba por ahí perfectamente.
Tras una hora y media de dar parte del accidente, con una negación de los echos por parte de la mujer, claro, la ambulancia llegó y me llevó al hospital. En el camino me puse a hablar con el enfermero, o ATS, no se, no recuerdo como me dijo que se llamaba su cargo. El caso es que estuvimos hablando todo el viaje entre bromas y risas. Bromas y risas hasta que me dijo mirando la herida de mi rodilla:
-Uy, esto es enorme, tal vez haya que cogerte un pedazo del culo y cosértelo.
-No diré nunca cuan asustado me sentí. Mucho mas que nunca. Me senté en la camilla, y esperé a que me entraran. Olvido decir que en a ambulancia le dije a mi madre por teléfono (intacto tras el accidente) que volvería tarde. Por otra parte llamé a mi hermano para decirle que no se preocupase, que estaba en el hospital de gandia, que viniese a por mi.
Llegamos, y con nosotros mi hermano. Esperamos una hora en la sala de espera, yo mas inconsciente que consciente. Solo recuerdo de toda nuestra conversación la siguiente frase:
-Si muero, que usen mi cuerpo para la ciencia.
-¿Para prácticas de medicina?
-No, quiero que me revivan en zombie.
Y ya entramos en el quirófano. Me pongo a chillar voz en grito que me duele una muela, que me la extripen, y el médico no me entiende, pese a las risas de todas las enfermeras. Me di cuenta entonces de que el cirujano era sudamericano. En contra de lo que piensan los demás (y mucho mas ahora) a mi no me importa su nacionalidad. Si es médico, es médico, y como yo también quiero serlo, le admiraba, en verdad.
Mientras me limpiaban todas mas heridas de las manos (un dolor espectacular) yo hablaba con una enfermera joven que me hizo gracia, y con el cirujano. Finalmente logré que el médico se sintiese mas cómodo y hasta él bromeaba. Pude contar hasta seis enfermeras a mi alrededor y el médico, todos hablando.
No voy a describir el método que usó el médico para coser mi pierna. No usó mi culo para nada. Solo cortó mi piel quemada y la cosió de una manera que solo puedo describir de: PERFECTA.
En fin, salimos del hospital, yo por mi propio pie y nos fuimos a casa. A la mañana siguiente fui a ver mi moto. Me sentía avergonzado...pero la moto literalmente no tenía nada. Solo tenía rascado el manillar, que había absorbido todo el impacto. Me sentí, simplemente... muy afortunado, pese a todo.
-Aunque no lo parezca, aprendí mucho aquella noche.
Hace unos días, creo que fue exactamente el día 3 de noviembre, me dirigía a un pueblo cercano a recoger un encargo. Iba con mi chaqueta de cuero, mi casco integral, unos vaqueros y sin guantes (a las 7 de la tarde, en invierno, recién mojado y sin guantes, olé yo). Para salir de mi localidad hay que atravesar una recta de unos dos kilómetros. Estaba mojada pero no había ningún problema, mi moto, a la que adoro, siempre me ha servido para todo.
Justamente me estaba sacando el carnet de coche, y por instinto, costumbre, no se, pero seguía todas las señas a raja tabla. Había 3 coches delante de mi, y yo me di unos 20-25 metros de distancia. Yo iba centrado en mi moto, pues con el frío me encanta correr,
De repente, y sin explicación alguna, el coche delante de mi, a unos 20-25 metros, se detiene totalmente. A 80 Km/H el coche delante de mi se detiene, y yo reacciono como puedo. Miro adelante y veo que viene un coche de cara. El arcén estaba invadido por cajones y demás menesteres, así que me la jugué a la única carta que pude: Frené en seco, pues no me quedarían mas de 10 metros.
Mi moto tiene ya dos años. Es roja, grande y de 125cc. Me encanta. Cuando caí, noté mi cuerpo dar vueltas sobre sí mismo, sentí un duro golpe en la cabeza, pero el casco, comprado por internet, me dio una seguridad abismal (no se rompió ni nada) y entendí que por culpa del asfalto mojad, Mi rueda delantera se había resbalado, y había tirado para un lado. Conclusión, yo en el suelo rodando mientras mi moto se arrastraba metros adelante.
Lo primero que hice tras caer fue mirar mi moto a lo lejos, viendo también como el coche que había frenado en seco se ponía en el arcén y de él bajaba una mujer. No me importaba en verdad. Estaba preocupado por mi moto, pues le tenía mucho cariño.
Me quedé entonces en el suelo. quieto, justo en medio de la carretera. ¿Mal, no? La mitad me han recriminado ello, pero cuando ves tu mano izquierda sin piel, tu palma derecha sin nada mas que sangre, y en tu rodilla izquierda un agujero en la tela del pantalón, y con ello te ves el hueso, lo primero que piensas es en verificar si tienes algo roto. Me levanté por mi propio pie y un hombre me ayudó, pero le denegué la ayuda. Estaba muy nervioso, enfadado y sabía que tenía que apartarme. Cogí la moto con la ayuda de aquel hombre y la coloqué en el arcén. Era de noche, no podía decir si tenía algo roto.
Entonces vino un buen hombre, un hombre de mi pueblo que apenas conocía. Su nombre, digamos, es PM, no me gusta dar nombres en mis escritos, pero si él lo leyese sabría que me refiero a él. Me dijo que no me preocupase, que él me llevaría la moto a casa y se lo diría a mi madre. Mi madre estaba de cena de amigas aquella vez, y le pedí que no lo hiciese. Él me dijo que no lo haría.
Varios amigos de mi pueblo (mayores que yo) fueron tremendamente ables, y llamaron a la ambulancia y a la guardia civil. Exageraron un poco pues yo andaba por ahí perfectamente.
Tras una hora y media de dar parte del accidente, con una negación de los echos por parte de la mujer, claro, la ambulancia llegó y me llevó al hospital. En el camino me puse a hablar con el enfermero, o ATS, no se, no recuerdo como me dijo que se llamaba su cargo. El caso es que estuvimos hablando todo el viaje entre bromas y risas. Bromas y risas hasta que me dijo mirando la herida de mi rodilla:
-Uy, esto es enorme, tal vez haya que cogerte un pedazo del culo y cosértelo.
-No diré nunca cuan asustado me sentí. Mucho mas que nunca. Me senté en la camilla, y esperé a que me entraran. Olvido decir que en a ambulancia le dije a mi madre por teléfono (intacto tras el accidente) que volvería tarde. Por otra parte llamé a mi hermano para decirle que no se preocupase, que estaba en el hospital de gandia, que viniese a por mi.
Llegamos, y con nosotros mi hermano. Esperamos una hora en la sala de espera, yo mas inconsciente que consciente. Solo recuerdo de toda nuestra conversación la siguiente frase:
-Si muero, que usen mi cuerpo para la ciencia.
-¿Para prácticas de medicina?
-No, quiero que me revivan en zombie.
Y ya entramos en el quirófano. Me pongo a chillar voz en grito que me duele una muela, que me la extripen, y el médico no me entiende, pese a las risas de todas las enfermeras. Me di cuenta entonces de que el cirujano era sudamericano. En contra de lo que piensan los demás (y mucho mas ahora) a mi no me importa su nacionalidad. Si es médico, es médico, y como yo también quiero serlo, le admiraba, en verdad.
Mientras me limpiaban todas mas heridas de las manos (un dolor espectacular) yo hablaba con una enfermera joven que me hizo gracia, y con el cirujano. Finalmente logré que el médico se sintiese mas cómodo y hasta él bromeaba. Pude contar hasta seis enfermeras a mi alrededor y el médico, todos hablando.
No voy a describir el método que usó el médico para coser mi pierna. No usó mi culo para nada. Solo cortó mi piel quemada y la cosió de una manera que solo puedo describir de: PERFECTA.
En fin, salimos del hospital, yo por mi propio pie y nos fuimos a casa. A la mañana siguiente fui a ver mi moto. Me sentía avergonzado...pero la moto literalmente no tenía nada. Solo tenía rascado el manillar, que había absorbido todo el impacto. Me sentí, simplemente... muy afortunado, pese a todo.
-Aunque no lo parezca, aprendí mucho aquella noche.
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