lunes, 28 de mayo de 2012

Gracias

Toda mi alma en un frenesí de hachas y rocas,
mi impotencia y mi rabia en un vórtice desenfrenado de odio,
todo mi valor en una única masa de potencia y desenfreno;
aquello que siempre he controlado, libre, mientras hago como que no oigo.

Toda mi rabia y mi violencia en un único punto,
mi fuerza y mi propia sangre si es menester se unirán en pos,
serán mis dedos hoces desesperadas por horadar en la venganza,
serán mis ojos faros buscadores de gritos, de chillidos, de su voz.

Todo lo que me han enseñado, todo lo que sé,
todo aquello que fingí desconocer, aquello que sí conozco,
mis espadas internas horadarán montañas entras, rabiosas, enfurecidas,
será mi corazón un grueso general que azota los caballos de mi odio.

Todo aquello que se fingió, se mostrará tal y como se fue,
nace un nuevo día sangriento y enfurecido, una nueva utopía,
y mientras el sol renazca cada mañana, no descansaré,
nunca, hasta ver saciada mi alma impía.

Todo mi ser en un destino, mi vida entera por ver sales a ríos;
mi cuerpo por un sol mal pagado y temporal;
mi mente, inquieta, por un respetuoso silencio, roto al fín;
mi alma, inquieta y sedienta, como un homicida vendaval.

lunes, 14 de mayo de 2012

La última vez


Una vez te pedí, con ardor en mis puños,
nunca verte rodeado de agujas,
flanqueado por máquinas y tubos;
no hallarte entre médicos y consultas.

Pedí al cielo fuerza y constancia para ti,
sonreí a mis peores temores con tu fe,
y si alguna vez fallé y me rendí
siempre estuviste para levantarme otra vez.

La última vez que te vi, era un niño,
amaba al cielo, amaba las estrellas, amaba al mar,
pero ahora, que no hallo refugio,
ni hallo luz, ni hallo mayor extensión que mis lágrimas en río.

¿¡Quién alcanzaría a pensar en semejante desdicha inhumana
que arrancase de mi interior un tesoro tan fervientemente escondido?
¿¡Qué justicia cabe en ver llorar a mi hermana,
o ver a mi hermano con impotencia, callar, enfurecido¡?

Donde había mazo hoy hay cadenas,
donde balanza, una guadaña ocupa su lugar,
y mientras que yo sigo buscando tus estrellas
haces falta aquí, donde ya no estás.

La última vez que te vi, te abracé.
No llegaría a pensar en cuantas lágrimas serían póstumas, 
ya no creo en nada más, ya perdí la fe,
ya solo sigo tus enseñanzas últimas.

No veo ya reyes ni princesas,
ya no hallo dioses ni diosas por doquier,
solo pueblan mi mente soldados y guerras
entre ellas, las de encontrarte donde estés.

Es tan duro el no coger tu hombro con mi mano
que por no hallarlo, me fundo con el fuego,
y mientras grito con la rabia del desesperado
te busco, mas no te encuentro.

La última ve que te vi, te llamé papá,
fuiste mi amigo, mi escalón más resistente;
y si solo supieses la falta que hoy y mañana harás,
volverías, para abrazarme hoy, y por siempre.



domingo, 6 de mayo de 2012

Glornik y Glorn.


Glornik pensaba en su padre de una manera lejana pero nítida. Nunca llegó a acostumbrarse a su marcha, en parte porque no fueron abundantes los momentos con él, en parte porque nunca se fue...pero..¡que vivaces eran sus risas juntos, sus peripecias mano a mano, sus conversaciones siempre teñidas de tintes filosóficos!
Ahora, cada noche, rozaba las estrellas con su palma, mientras sonreía. No lo vería nunca más, pero estaba tan, tan agradecido de cuanto le había dado. Cada lección para un mundo mejor. Cada palabra para un corazón puro. Glornik había llegado a ser todo lo que era, una buena persona, solo porque Glorn le adiestró en el arte de no mentir jamás, de nunca rendirse. Quizás por ello era tanta su obstinación. 

Pero, en ocasiones, el hombre lobo se sentaba solo. Siempre había sido solitario, pero desde la ausencia de Glorn, su corazón ansiaba el llorar solo. El emigrar solo. El ser un ser apasionado por los elementos mas fugaces de la naturaleza. 

Hubo noches en las que gritó al cielo. Aborreció a Azkal-Zigurat, y le exigió una explicación. Nunca ofendió a nadie, siempre le fueron robados sus esfuerzos y jamás levantó una mano con actitud vengativa. ¿Por qué entonces era tan dura con él la vida? Glornik estaba solo en Versia. Ya su padre nunca volvería, pero eso no era más que el comienzo. El saber que todas sus enseñanzas podrían morir con él, le afligían la garganta con un escueto dolor pero agudo cual aguja.

Otras, sin embargo, el hombre lobo se tumbaba bajo el manto lunar y miraba al cielo, solo. Aún guardaba dos almohadas de su padre y una cálida manta. Vetó su cama. Vetó sus sábanas. Vetó todo cuanto usaba para dormir, y ahora solo usaba aquellas pequeñas almohadas ajadas y aquella tela tan caliente, tan llena de su aroma. 

Cuando miraba sus manos, ya no le veía, pero sin embargo, le sentía. Al sentir el cálido tacto del sol diurno en su espalda, miraba atrás. Aunque él ya no estaba, la misma tierra le avisaba. 

Glorn siempre estaría con él, pues los grandes seres jamás abandonan la tierra.

martes, 1 de mayo de 2012

Oscuridad tras tu marcha


Y aquí dejo, tras un tiempo largo sin postear, la obra que a mi parecer es la mejor de toda mi colección. Escrito entre llantos y lágrimas, entre hierba y sol, y en plena soledad, al releerlo me di cuenta de que es mi mejor trabajo. Un saludo a todos y gracias por vuestra atención.

Larga es la noche que me espera,
ella en sí misma me aborrece pues me ataca
pero es mi corazón una dura estaca
que con tus enseñanzas, aún pelea.


Es fría y nublosa esta triste niebla del olvido,
es larga esta intemperie donde no hallo tu cobijo,
pues allí donde fuese mi inocencia, tu mano me protegía
mientras que yo hacía caso omiso de tu alegría.


Pues aunque sea triste la noche, fue día tiempo atrás,
una risa coronaba los cielos cada amanecer feliz,
y mientras tu sudor era mi pan, ya no sudarás;
volviste a tu lugar, aunque nunca te marchaste de aquí.


¡Pero incoherente, busco tu rastro en leyendas y mitos!
¡Pues no habrá en tierra lugar alguno donde esconderte!
Amaste como solo aman los padres a los hijos,
y amaste, como si al hacerlo fueses mas fuerte.


No hay mas abrazo que tu brisa en mi nuca,
que tu recuerdo en mi hombro, dolorido,
ya no cantan los pájaros, ya no los oiré nunca,
te han buscado en mi levante y se han ido.


Oscuro es el porvenir de mi boca,
más será tu ejemplo el que desate mis cadenas de silencio;
pues gozoso de vivir mostraste una impresionante nota:
la de tus carcajadas, danzando con el mismo viento.


¡Fiero soldado, no será desestimado tu estandarte!
Aquella entrega que perdurará mil generaciones será admirada,
y mientras que mi última gota de sangre no se derrame
serán mis ojos tus ojos, y mi mirada, tu mirada.


Grotescos son mis dedos al asfixiar el aire donde no te encuentras,
pero no ceso en mi intento de estrecharte la mano;
es tan duro despertar de una pesadilla que no cesa,
tanto, que desafía al corazón mas entregado.


Es larga esta noche que me acontece;
frente a mi se vislumbra una aterradora penumbra lejana,
pero ato mi yelmo, miro atrás y me digo, ferviente:

¡Lucharé con mi risa por una promesa jamás olvidada,
la promesa de sonreír hasta la muerte!