lunes, 3 de agosto de 2015

"Le tengo que enseñar a no enamorarse"


Fue tan duro. Dios me conoce y me respeta cuando digo mirando al cielo pero con mis puños apretados, que fue terriblemente duro.

Nació, y tuve tiempo a abrazarlo una vez. Su pelo, el poco que tenía, estaba mojado entre sangre y otros líquidos. No me importó. Era mío. Mi campeón.

Aún no había tenido tiempo a darle un beso cuando entraron a arrebatármelo. El médico me contó que tenía el lado izquierdo del corazón mucho más pequeño que el derecho.

Nunca dejéis a un hijo en las puertas del quirófano, cuando lo arreglen a él, tendrán que empezar contigo, y para entonces, ya poco te importa lo que a ti te pase.

Estuvo ocho horas encerrado. Yo estuve las ocho fuera.

La operación duró las ocho horas, tres de ellas con el corazón parado.

El mío lo estuvo las ocho horas. Repito, aunque os hagan luchar por ello, nunca dejéis a un hijo en las puertas del quirófano solo.

Ocho horas, y salió. Vivo. Mi pequeño estaba vivo. Vi como su pequeño pecho se agitaba pacíficamente de arriba a abajo. Mi pequeño. Su cicatriz estaba tapada, y aun a día de hoy, se cierra más cada día, pero...la que yo llevo por dentro, no, esa tardará mucho más en cicatrizar.

El otro día le vi sonreír, y mi mundo brilló por un instante. Quizás ni siquiera sabía por qué sonreía. Quizás, porque sabía lo mucho que necesitaba verle feliz, al menos, por un instante.

Solo hay una cosa que me pesa, me pesa mucho.

Pero tendré que enseñarle algo muy difícil, pero en su caso, necesario.

Le tengo que enseñar a no enamorarse. No puedo dejar que le rompan el corazón, ya tuvimos que arreglárselo una vez.

Y el mío, no se recuperaría. Ya no.

Digo, mientras le veo en mi regazo, feliz, dormido, con su pequeño corazón unido al mío, y un mundo que pienso enseñarle de la  mano.

..........


Dedicado a Diego, a su padre que una noche me hizo llorar, y al futuro que le espera a su pequeño teniendo un guardián así.




1 comentario:

Francisco Muñoz Muñoz dijo...

Gracias Vicent amigo, leo esto cuando necesito reactivarme. El titán está como sabes imparable, superó una segunda operación casi tan compleja como la primera, y está imparable, y yo leo estas líneas para no permitirme el lujo de parar, aunque las circunstancias ultimamente me animen a lo contrario.

Un abrazo.

Tu amigo y padre de Diego "el titán".