miércoles, 17 de octubre de 2012

Tu voz.


Y si me preguntas,
frente a mi miedo y a mi terror
respondo,
que mi mayor temor
es no volverte a oír nunca,
es llegar a olvidar tu voz, 
y lloro.

Pienso en ella como un brillante pájaro,
libre como un rayo de sol,
libre,
pese a todo nunca te vas,
pese a todo nunca me voy de tu lado,
pues en mí vives.

Tu eco me repite en cada oído,
dulces palabras, ahora viles arañazos,
que nunca olvido.
Sin embargo te oigo y siento que gano,
pues al oírte recuerdo algo que extraño:
que vives en mi, pues soy tu hijo.

1 comentario:

Última bala. dijo...

Me encanta, y no solo el poema, sino la evolución, cambio, como quieras llamarlo que has tenido.
Lo veo con bastante perspectiva, hace demasiado que he abandonado mi resistencia, pero intento seguir al pie del cañón.
¿Qué tal todo? :)

Un beso y dos abrazos.