jueves, 29 de marzo de 2012

El mas duro adiós.

El último día inocente del año de la humanidad.

Inmensos abrazos.

Hoy os vi marchar. Por fin entendí que vuestra marcha se pospondría de forma indefinida. Mientras os escribo esta misiva con mano temblorosa, mil lágrimas degüellan mi corazón, el sol ya no pace en mi piel y no hallo felicidad en un futuro incierto. Hoy os vi marchar, comandante, de mi lado, de mi vida, y de mi futuro.

Que me he enfrentado a batallas cientos, y he vencido, tarde o pronto, a todo enemigo que se ha atrevido a plantar cara a vuestras enseñanzas. He mirado directamente a la luz, deseando inmolarme con ella, para ser mas fuerte que nunca. He corrido bajo la lluvia cuando algún otro miembro de mi regimiento ha caído en batalla, furioso, y he peleado con garras y uñas, con mi espada, mi escudo, y vuestro corazón.

Pero, aun con todo, aún habiendo roto la regla de los prósperos cobardes en los batallones. Aun con todo...
Al entrar en vuestro barracón, como otras cientos de veces, he visto a todos vuestros oficiales. Y entonces dirigí mi mirada, inconscientemente, a vuestra mesa de mando. Os busqué por una milésima de segundo, erguido, fuerte, incansable y potente, pues cada vez que os visitaba sonreíais.
Esta vez os hallabais ausente. Vuestra espalda, llena de cicatrices de guerra, vuestra voz, dolida de tantos años de enfrentamientos, vuestro andar, orgulloso y experimentado...¿Dónde? ¿Dónde se fue semejante rastro de gloria y victoria?

Al ver que no estabais, una ráfaga de soledad ha desolado mi corazón como un maremoto, arrastrando con ella toda mi fuerza. Temblé. Reconozco que, aunque me instruisteis en el arte del honor y la fuerza, la nobleza y el poder, temblé. Temblé, repito, porque no os hallabais para abrazarme. Para felicitarme. Para mirarme con amor, cariño, orgullo y placer. No estabais hoy aquí, a mi lado, para llamarme estúpidamente con el mayor afecto del mundo.

Y me he sentido como un traidor. Pensé por un momento, por un instante, que realmente habríais abandonado a vuestro ejército. ¿Qué castigo merecería semejante falacia? El mas alto, sin duda, pues entonces, tras serenarme, y mirar vuestro recuerdo, en mi, me di cuenta de que jamás habrá un solo instante en que no os recuerde, no os piense ni os vea a mi lado. Cuando acabe con fieros enemigos, allí estaréis. Cuando piense la manera de superar un obstáculo, vos os hallaréis al otro lado de éste, con los brazos extendidos. Cuando el frío atenace mi piel, cálida herencia vuestra, vos me arroparéis. 

¡Y no habrá lugar donde no os venere! ¡Será mi piel un mapa imperecedero de mil heridas y fustigaciones antes que dejar que vuestro recuerdo desaparezca!  ¡Y juro por dios  y por todo, por los árboles y por el acero, por el fuego y por el viento, que no habrá nada, jamás, nada, que no pueda superar, si vos seguís conmigo, dentro de mí! 

Pues si me instruisteis para aguantar la embestida del oponente, estoicamente. Si me enseñasteis a ser fuerte...

...no os decepcionaré.

No olvideis, nunca, que en mi siempre habrá un lugar para vos, el cual siempre ocupareis. Allí donde se halla la palabra héroe...y donde esperan, algún dia, estar miles de palabras.

Os añora este ridículo recluta que tuvo una crisi de fe.

E.M.S.A

5 comentarios:

Anónimo dijo...

M´encanten els teus ecrits,malgrat que siguen trists.Són preciosos,i no dubtes ni un moment de l´orgull que ha d´estar sentint ton pare des d´on estiga.Escrius molt,però que molt bé,i això ja és un motiu d´orgull,perquè crec que no hi hauria ningú que pugués expresar tan bé el que pots estar sentint.Molts d´ànims i endavant.

Marinel dijo...

Es emocionante tu escrito y eso que toda batalla que sea con armas,me parece una crueldad innecesaria.
Besos.

Mommyblue dijo...

Me gusta...es raro, pero me gusta. Te añadiré a mi espacio onfalocentrado...

RECOMENZAR dijo...

escritor me gustan los sabores de tus letras

Última calada. dijo...

Me has recordado a una frase.
Trátame con tacto, ayer perdí la fe.

Un beso y dos abrazos.