domingo, 11 de septiembre de 2011

Recuerdos de un héroe.

Te volviste hacia mi. Éramos dos personas tan dispares que nunca entendía porqué me pasaba las tardes a tu lado. Fumabas, claro, fumabas mucho. ¿Quién de tu época no lo hacía? Pero curiosamente, tu humo era el único que no me molestaba.
Lanzaste los dados. Un seis, volver a tirar. El parchís era nuestra manera de pasar las tardes, y las pasábamos casi a diario. ¿Nunca ta cansaste de mi presencia?
Reías y tosías por igual...y yo no me daba cuenta de tu debilidad. Eras mayor, pero tan fuerte como un roble. Me contaban que eras voluntario forestal, y me sentía el nieto mas orgulloso de todo el mundo. Te veía ahí, con tus años, con tus mil primaveras, vestido de bombero, apagando mil fuegos, y tu tripa, preciada almohada en cientos de noches, ondeando, y te lo decía, y te reías, y éramos felices entre sonrisas y dados.
Me maravillaba entonces de lo simple de tu existencia, todo el día sentado, o fuera de tu casa, respirando el aire que te habías ganado a pulso. Me di cuenta...con tan solo ocho años que lo que siempre habías añorado, lo que siempre habías querido...era la libertad.
Me contaron, no hace mucho, que de joven te ofrecieron horas extras pagadas extraordinariamente bien. La respuesta que me dijeron que diste me dejó cautivado, y tuve que reprimir un impulso por no llorar...
-No pienso privarme de ni un sólo instante con mi família.
Ya sabes, todo recuerdo acerca de ti me deja confuso, triste y demasiado débil. Me vuelvo aquel niño de ocho años que iba a tu casa cuando se enfadaba con su madre, y lloraba en tu tripa, hasta que me dormía y me dejabas en el sofá, durmiendo, y me despertaba arropado por una manta.
...

Fue hace tres años. Yo volvía de un viaje con la clase, ya listos para relajarnos de un agotador curso. Yo, creo, era feliz. Te visitaba con afluencia, y trataba de contagiarte mis sonrisas. Cuánto deseo ahora poder, simplemente, tener un momento de sonrisas silenciosas contigo...
Al ver a mi família esperándome, como siempre una ola de felicidad me embriagó. Los abracé, pero algo iba mal. Algo me repetía por dentro, algo no está en su sitio. Fuimos hasta casa. Yo me ocultaba que algo iba mal a mIs adentros. Contaba mi viaje con la estúpida ignorancia infringida por un adolescente.
Y llegamos a casa.
Me sentaron en el sofá de casa. Mi madre tenía un brillo preocupante que resplandecía tras las luces del salón. Yo nunca había visto ese brillo húmedo en sus ojos. 
Podía describir ese brillo turbio con miles de palabras, con cientos de adjetivos...sólo diré que era un brillo cruel en la cara de mi madre.
Mi padre me miró, y empezó a hablar, pero mi madre le calló. Después comprendí que quería ser ella quién me diese la terrible noticia:
-Tu abuelo estaba muy mal...y faltó hace dos días.
Entonces recordé cuan amargo fue ese segundo, antes de que mi padre, alerta ante mi carácter, se lanzase encima de mi. Me cogió como nunca en mi vida me había cogido, ¿sabes? Y me paralizó los huesos, los músculos. Me inmovilizó, pero yo me removí todo lo que pude, hasta que vio que mi rabia y mi ardor eran indomables, y salí de casa, sin siquiera coger las llaves. Salté la vaya y corrí. Corrí. Corrí hasta que las lágrimas de mi cara me encharcaban los ojos de una manera casi imposible.
Me senté, lejos de casa. Muy lejos.
El tiempo pasaba demasiado rápido, y lloré amargamente durante minutos, horas...no sabría decir.
Y recordé que me había hecho demasiadas ilusiones. Tú pasabas mas tiempo en los hospitales que en casa, pero yo creía, en un fiero intento por maquillar tu debilidad, que lo hacías por tener a toda la família a tu alrededor.
Me di cuenta de que quería verte, necesitaba sentir tus fuertes brazos a mi alrededor. Me sentí un mocos y golpée todo cuánto había a mi alrededor. Grité todo lo que pude y me tumbé en el suelo, mirando el firmamento. Pensé en ti...y tomé varias resoluciones.
Ahora, y aprovechando, te diré cuál fue mi mayor resolución, y con ello, te explico porqué nunca fui a tu entierro.
No fui, y me reafirmo en mi elección, porque para mi no habías muerto. Alguien como tú nunca puede morir, y para mi eras una parte mas de mi vida, tales como la mañana., la tarde, la noche...tu eras mi abuelo. Por ello no podía siquiera imaginar, ni pensar tan solo, que podrías marcharte. Por ello te visito todo y cuanto puedo, y te traigo mis mas sinceros y estúpidos momentos al pensar en ti, porque te mereces revivir cada instante en mi memoria y en la de todos los que te rodean.

Se dice que para ser leyenda, se debe nacer con estrella.
Yo digo, que para ser una estrella, antes se debe de haber sido una leyenda, y tú iluminas todo mi firmamento.

11 comentarios:

Paredes dijo...

...ah,uma ESTRELA!
(emocionante)

Julio Díaz-Escamilla dijo...

(Has hecho que algunas -no dos ni tres ni cuatro- lágrimas broten en mis ojos)
La añoranza, los recuerdos, la extrañeza ¡feliz tu abuelo de tener un nieto como tú!
Un abrazo.

Julio Díaz-Escamilla dijo...

¡Dedica a tu ABUELO tu novela! Lo merece, es lo debido.
Otro abrazo.

Julio Díaz-Escamilla dijo...

¡Dedica a tu ABUELO tu novela! Lo merece, es lo debido.
Otro abrazo.

Vicent Maganer Ripoll dijo...

De echo, querido Julio, tanto mi seudónimo como la novela están echos en su nombre, y uno de los personajes está tremendamente inspirado en él.

gines vera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
midala dijo...

millll besitosss!!!!No me olvido,solo que no leo..pero os estraño.

Memória de Elefante dijo...

Vicent!

As pessoas que amamos não morrem,permanecem encantadas.
Assim como essa estrela que brilha iluminando teus passos.

Emocionante!

Um beijo

midala dijo...

Hoy ya te lei,con esfuerzo pero...te leí!!!No podía dejar de de leer esta preciosa historia.La hisotria de tu abuelo.Y da gusto leer a una persona joven que recuerde a su abuelo con tantisimo cariño.Tu abuelo estará encantado de tus recuerdos...Millll besitos,me encantó leerte!!

Elsa dijo...

Mi hijo ama a su abuelo tanto como tú al tuyo. Gracias a Dios, aún puede disfrutar de sus abrazos, pero veo en tu reacción la reacción de mi hijo ante un dolor tan grande..y no puedo dejar de tener un nudo en la garganta.
Te cuento que he llegado hasta aquí por invitación de Julio, entrañable migo, para conocerte.
Me quedo, te sigo leyendo,y gracias por el recuerdo tan sentido hacia ese hombre que fue tu segundo padre.
Un abrazo.Elsa

gines vera dijo...

Hola Vicent, sólo saber si te llegó mi email. No si te lo has leído. Verás que borré mi comentario anterior. Como llevaba mi dirección del blog no quería hacerme publicidad en tu blog...aunque aquel blog ya no lo actualice.
Un saludo y sigue aullando.