jueves, 24 de febrero de 2011

Dias atrás

Desde hace días
Pienso en ti
En cuando me querias
En cuando eras mi ser afín
Pero desde hace tiempo
Que ya no te recuerdo asi
Que ahora que lo pienso
Nunca me quisiste a mi
Y por esto, creo
Que este será mi fin
Y, ahora que recuerdo
Nos quisimos justo aquí
Aquella noche de sexo
De amor y de algo más
Pero ahora me tratas como un perro
A la cara ya nunca me mirarás
Y yo aquí me quedaré
Con una mano atada con un reo
 Y una taza de café
Esperando al señor del  infierno
Para irme con él
Y que alli, me vuelva ciego
Para no volverte a ver
Y que alli me vuelva sordo
Para no volverte a oír
Y que alli me quede para siempre
Para no volverte a querer

9 comentarios:

әsә.әsα.әsσs. dijo...

Uhm... Creo que se parece a lo que he querido decir yo con lo que he escrito...

En fin. Un beso.

Alice dijo...

Jaaaaaaaaa

Alice dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sidrina dijo...

Bonita entrada Vicent, que penita de quereres tenemos a veces verdad?.
Lo bueno es lo que te está por llegar... paciencia.
Biquiños y buen finde

Paredes dijo...

...mas resta apenas solidão neste silêncio tão sobre si....

amigo Vicent,
belo poema
de densa e implacável saudade de um amor sem fim....

Paredes dijo...

...mas resta apenas solidão neste silêncio tão sobre si....

amigo Vicent,
belo poema
de densa e implacável saudade de um amor sem fim....

irene dijo...

Que duro es ver que lo que alguien sentía por ti ya no lo siente, cuando tanto te ha dado, tanto le has ofrecido, y tanto habéis compartido, que duro
Pero no vayas a ese infierno para perder los sentidos cariño mío, porque solo conseguirás no poder ver lo que te depara el destino, lo que todavía no esta escrito, lo que el futuro hará contigo, un beso mi Vicent, como siempre maravilloso relato sacado de dentro de las entrañas, como debe ser

әsә.әsα.әsσs. dijo...

No sé por qué, pero al releer esto me ha recordado una frase de Anne Rice en boca de Lestat (si no recuerdo mal).

Y, cansados por fin de esta complejidad, soñamos con el tiempo lejano en que nos sentábamos en el regazo de nuestra madre y cada beso era la consumición perfecta del deseo. ¿Qué podemos hacer sino extender los manos para el abrazo que ahora debe contener a la vez el cielo y el infierno: nuestro destino una y otra vez?

lauviah dijo...

Un sludo ,,,precioso.