domingo, 21 de noviembre de 2010

Claudio y Jeremías

El sol brillaba incandescente. Claudio lloraba su desconsuelo ante la cruz de Jeremías, amigo y confidente, que faltaba en los días mas oscuros de su vida.

Notaba como su propia garganta, su propio miedo le atenazaban convierténdolo en mudo.

No podía ver nada, la misería de su vida frente a la pérdida de Jeremías provocaba una cascada ante sus ojos, privándole de vista.

Sus propios gemidos y sollozos acapararon sus oídos.

Finalmente el frío y la noche llegó, y tras todo el día llorando, el frío penetró en sus huesos paralizándolo.

En el mismo punto en que la luz de la luna tocó la cruz de Jeremías, apareció este entre la tierra removida.

-Claudio, te ves azul, tienes frío?

-Este asintió, temblando.

-Ven, acurrucate junto a mi y cierra la tapa. El viento nos cubrirá de tierra.

-Claudio se abalanzó sobre Jeremías, oliendo su putrefacto olor, se acurrucó junto a él en un abrazo.

-¿Sabes Jeremías? Te quiero....


Y asi se cuenta la historia de los dos amantes de ultratumba...

4 comentarios:

Sidrina dijo...

Jo me acabó viniendo el olor. Muy buena entrada. Estamos todos tristones, será el otoño. Biquiños

Vicent Maganer Ripoll dijo...

Si te llegó el olor que yo imaginé pobre de ti..
Y si, parece que el otoño es la época mas triste, y la que mas te hace pensar

Sidrina dijo...

Espero que no sea muy fuerte, me llegó olor podrido a madera húmeda jajaja. Un biquiño y buenas noches

I. dijo...

Muy buena entrada.
Muchas gracias por tus comentarios, iluminan un poco mi otoño :)