miércoles, 27 de octubre de 2010

Cuento infantil

Miró al monstruo a los ojos. Y, aunque tal vez fuese solamente cinco veces mas grande que él, creyó que perdería.
Pero no.
Chester volvió a matarle.
Y corrió de nuevo por el bosque de su imaginacion
Por el laberinto de su mente
Por las lagrimas de su corazón
Y su miedo seguía ahi
Solamente diez veces mas grande que él.
Volvió a mirarle a los ojos de nuevo. Y se armó con su mejor golpe, y volvió a vencer, pero entrando en la locura.
Siguió corriendo, al poco volvió a oír sus pasos.
No, NO!.
Se escondía y creía oírlo tras de si.
Saltó un barranco. Bordeó un precipicio, pero el miedo no se detenía.
Se escondió tras los árboles, tras la alegria, tras su humanidad, pero su avance era increíble, como un tanque a través del desierto.Llegó a pensar que sucumbiría al temor.
Hasta que la vio.
Encima de su casa de pequeño, la vio, sus recuerdos la rodeaban, su primer perro, su primer sollozo, sus juguetes, su primer amigo.
Todos le señalaban la linterna que había en el tejado.
Entró por la puerta, y notó como el monstruo, indescriptiblemente grande, la levantaba en el aire.
Rezó por que los moviemientos de la casa no hiciesen caer la linterna.
Subió por la ventana de su cuarto, donde seguía aquella mancha de nata montada en la alfombra.
Y vio el momento en que caía la lintera justo hacia las fauces abiertas del monstruo.
Asi que Chester se relajó, sonrió al sol, aquel sol que recordaba haber visto en una excursión infantil. Y saltó tras ella.
Se `precipitaban a su boca abierta.
Sus dientes, cada insulto recibido, eran aterradores.
Su piel, negra como la oscuridad que siempre le había aterrado, estallaba como si se tratase de pompas, y volvía a caer sobre el monstruo.
Cuando casi pudo oler el olor del monsturo, Chester le iluminó con la linterna.
Que bonito fue ver que las sombras que le hacía su hermano en la pared desaparecieron, iluminadas por la luz

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