jueves, 25 de noviembre de 2010

Valor, coraje y pasión

Érase una vez, en hace ya mucho tiempo, un reino próspero y libre. Estaba enemistado con un gran estado, lejos de allí, y un día, el rey, junto con su ejército partió en busca de la conquista, dejando su ciudad indefensa ante todo enemigo imprevisto.

Quiso la casualidad que un soldado, un soldado de bajo rango que nunca destacó por nada, sin mérito alguno pero si un gran número de batallas libradas se quedase dormido el día de la partida del rey.

Ya despierto, se enteró de la trágica notícia y pensó en la excusa que correspondería decirle al rey, cuando a la ciudad llegó un explorador de lo que vigilan las fronteras del reino.

Al enterarse de ello, el pueblo supo que dicho soldado era el único efectivo militar disponible en toda la ciudad, y lo prepararon con una gran comida, le otorgaron una armadura digna de el mismo rey y una espada que sería la envidia de todo guerrero.

Por su parte, el soldado fingió hasta el último momento, y preguntó al explorar cuanto tardaría el ejército en llegar. El otro, por su parte, le contestó que en dos días, al mediodia, serían en el frente de la ciudad.

Ante tal augurio el soldado, desconsolado fue a su habitación aterrado. Se encerró y lloró delante de la perspectiva de la muerte, lloró y se desconsoló hasta la noche, momento en que triste, se miró en un espejo, y miró sus muñecas, pensativo.

A la mañana siguiente, el soldado se levantó entristecido, y, vestido engalanadamente tal y como los ciudadans habían echo con él, y paseó por las calles, entre sollozos ocultos por su yelmo.

De repente un mendigo lo vio, y vio un destello en un borde del yelmo. Y, conociendo su angustia, se acercó al caballero, y le susurró:
-Vive mas quién ríe un solo día que quién llora mil años.
Tras lo cual el caballero miró al mendigo, y, entre una arcada de miedo y desconsuelo, volvió a sus aposentos.

Y las palabras del mendigo penetraron en su mente hasta llegado el momento de la tarde en que dejó una carta escrita, que todos los ciudadanos leyeron en voz alta:

-Me excuso por mi comportamiento ante vuestras presencias, y solicito vuestro perdón. El miedo me atenazó el corazón y sentí la perspectiva de la muerte en mis huesos. Las lágrimas me salaron la cara y la tristeza me sumía en sueños de suicidio. Mas el mas humilde de vuestras mercedes me ha dotado del auténtico sentimiento. No moriré en el campo de batalla ya que ya morí estos días, triste y gris, transparente incluso ante vuestras muestras de afecto, y mi pobre conciencia se ha dado cuenta que, mi último día, debo aprovecharlo con felicidad y valor, con nobleza y resignación, ya que lo echo, echo esta, y nada podrá cambiar mi destino. Me despido de vosotros, me fui a ver el último atardecer, mi deseo mas urgente, y os doy las gracias, sobre todo a vos, mendigo por enseñarme el significado de la palabra "vivir".

Todos los ciudadanos mostraron su sorpresa, y, tras los muros de la ciudad, sobre sus murallas, miraron al soldado, glorioso, armado y valeroso, noble y valiente, de cara al sol, de cara a las fronteras, y, entre gritos y alabanzas, el soldado partió en busca del ejército invasor.

Fue apodado como "El soldado valiente" tras volver a la ciudad dos días después, sin noticias de ningún ejército invasor.
Y el mismo explorador que vino el primer día, comentó algo de un rumor que pululaba por los pueblos, sobre un soldado que emana un aura de valentía y coraje, que encogía el corazón de sus enemigos.

4 comentarios:

Yasmina dijo...

Bonito texto Vincent, a veces el miedo nos paraliza, pero sabemos seguir adelante.

Saludos.

Respirando entre palabras. dijo...

No esperaba un texto así.En realidad te identificaba con otro tipo de escritos.Me gustó la variación.
Sigue... que nada detenga tus pasos.
Besitos

Aniki dijo...

Gran frase la del mendigo, y muy cierta. Lindo relato. Ahora bien, suerte tuvo el soldado que con su aura ahuyentó al enemigo...

Besossssss.

Sidrina dijo...

Buena entrada, lo has relatado muy bien, me ha gustado. que pases un buen fin de semana. Por aqui muy frio. Biquiños.
Y de nuevo gracias por leerme y por todos tus comentarios que siempre espero.