Hace poco, oí una frase que me gustó:
"A mi parecer, ésta no es si no una crisis de valores, y no económica"
Y en verdad, pensé que quizás, y solamente quizás, aquellas palabras estuviesen más en lo cierto que cualquier político/economista/consejero. Pero creo que cabía profundizar más en ellas.
La mayoría, si no todos pensaréis en concepto básico de crisis de valores: Si estamos en crisis es por carecer de principios y de ideal de revuelta, en pos de una revolución con tal de reparar el daño hecho por una mala gestión por los que, en definición deberían ser los guardianes de nuestro país. En lugar de ello, optamos por una postura costumbrista dotada de aguante digno pero inútil. Permitimos que gente sin escrúpulos arruine no solo un país, si no el nombre de éste.
Pero tras ésto, hay una frontera escondida a la vista que no desentraña sus misterios.
En tiempos de crisis, en tiempos dónde escasean la moneda, los lujos, los presentes, poco a poco desaparecen y se reducen la valía del honor, el orgullo, la fuerza y, en última instancia, la dignidad.
La dignidad...
Una moneda épica escasa en estos tiempo. Con ésta, mi corta vida, ya he sido testigo de la pérdida de dignidad en pos de un deseo de personajes que creí ser portadores de la señera de un corazón inquebrantable.
Y la dignidad humana, bañada en nuestra valentía y tenacidad se merece más que eso. Si por defender tus ideales, creer en tus principios, s
i por luchar por una causa perdida contra uno o numerosos enemigos, tú solo o acompañado ves comprometida una meta, una moneda, un deseo o un tiempo mejor, opta por dar batalla, pues quizás nunca consigas lo que te propones y pierdas dichas apuestas, pero al menos conservarás el valor de tu persona, no obstante, si te rindes, si vendes tu dignidad al mejor postor y olvidas que la nobleza y la pureza se nutren de tus fuerzas, entonces sí, llegarás a tener bienes elevados, llegarás, quizás, a ser el más envidiado de los seres...
...pero habrá valido la pena no poder mirarte al espejo, a no poder lanzar una sincera mirada a los tuyos, a nunca poder recuperar aquello que te fue arrebatado por el vil metal: la dignidad?
Y si soy capaz de lanzar esta pregunta, es por haber apostado yo mismo, y haber elegido la opción que me permite sonreír sinceramente cuando es necesario, que me deja verme al espejo sin vergüenza, y abrazar a los míos pese a perder quizás, una oportunidad de vender mi alma por un bien.