Bueno, pues Versia sigue adelante, y mucho mas rápido de lo que yo creía. La mayoría de la gente que me lee les sigo porque me gusta como escriben, y por tanto, son buenos lectores.
Así pues os pido vuestra opinión para con este fragmento donde se relata la muerte de uno de los personajes.
Escipión tenía su enorme hacha desenvainada y miraba paciente al cielo. Glornik miró al cielo, y vio un pequeño haz de luz, que poco a poco, se ensanchaba hacia ellos..
Escipión partió la enorme bola de fuego que provenía del cielo por la mitad con su hacha. Evidentemente era mágica, y Glornik no daba crédito a la valía del ser humano.
Volvió a mirar al cielo, y entonces lo vio.
No era exageradamente grande. Glornik había luchado con algunos mayores, pero se veía a la lejanía que era fuerte, y muy poderoso. Sus alas eran enormes, y, al igual que toda su piel, eran rojas y con la piel visiblemente muy gruesa. Sus piernas eran gruesas y seguras, incluso allí en las alturas. Sus brazos eran largos y poderoso, y terminaban en cuatro largas y enormes garras.
Y su rasgo mas notable era el noble cráneo. Dos cuernos lo coronaban como un dragón mayor, es decir, un antiguo dragón que había estado presente en las batallas de las especies, siglos atrás, cuando los dragones aún nacían con cuernos en la cabeza. Su hocico era grande y amplio y Glornik habría jurado que formaba una irónica sonrisa.
Les había tocado un graciosote, pensó.
Una nueva bola de fuego impactó a pocos metros de Glornik y Suerte, y al ver esto, Glornik también desenvainó a Colmillo.
Suerte desenfundó sus pistolas, pero Glornik se lo impidió y señaló con la cabeza a Landariel. Suerte comprendió enseguida, y tras susurrarle algo al oído, cogió su caballo y montó.
Antes de empezar a cabalgar, Glornik le gritó mientras corría:
-Procura que a ti tampoco te ocurra nada.
De repente el dragón se precipitó al suelo, hacia Escipión, que le esperaba con el hacha en las manos. Glornik conocía la fuerza y el impulso de las alas de los dragones, e hizo lo que creyó más oportuno.
Le lanzó a colmillo.
Su temor al hacerlo era que descubriesen su fuerza, pero nadie lo advirtió.
Desgraciadamente el dragón era muy ágil, y aunque no logró darle, si consiguió que se detuviera en el aire, y bajase lentamente al suelo a mas de ochenta metros de Escipión y Glornik.
Suerte alcanzó a Colmillo antes de que cayese al suelo gracias a su caballo, y se la lanzó a Glornik, antes de volver con el alejado grupo de humanos.
-Paladín, deberíais marcharos. Esto no es un simple hombre lobo. Ni siquiera es como ese enorme hombre lobo del que se habla en vuestra leyenda-El recuerdo de Kaleb siempre le dolía sumamente a Glornik-Estos es un dragón, y estas criaturas matan con sólo tocarte. Os ordeno que os marchéis.
-Si sobrevivís a este enfrentamiento, invitadme a una cerveza-Dijo Glornik con un aire de diversión que Escipión solo pudo tachar de locura, tras ver que este se lanzaba de cara al dragón con su transparente espada en ristre.
Glornik no pensaba mientras corría en otra cosa que en dar algo de tiempo a Escipión a marcharse, aunque en el fondo sabía que si no acababan con el dragón, no se marcharía.
Lo que no pudo prever fue el comportamiento de la criatura.
El enorme animal empezó a correr a cuatro patas, y Glornik creyó oir:
“Maldito seas saco de carne humana”
Se sintió algo aturdido al imaginar en la idea de que el dragón pudiese pronunciar alguna palabra, y siguió corriendo, pero el dragón ya no era alcanzable.
Había cambiado de trayectoria y se dirigía directamente a Escipión. Este, por su parte esperó a tenerlo a pocos metros, y, cuando creyó oportuno levantó su hacha y echó a correr, saltando al dragón usando el hacha como pértiga. Al caer corrió a la posición de Glornik.
-De acuerdo, no me veo capaz. Hagámoslo a tu manera.
-Está bien. Colocaros a mi lado, y pase lo que pase, cuando llegue, coged vuestro caballo y llevad a la mujer rubia y a la princesa al fuerte y protegeos. Ahora enfundad el hacha.
-Escipión se mostró reticente con guardar su arma, pero veía en el paladín una gran determinación. El dragón les miraba fijamente a unos cuarenta metros.
De pronto echó a correr.
-Aguantad-Pronunció Glornik.
El dragón se acercaba.
-Aguantad...-Glornik puso una mano sobre el hombro de Escipión.
El dragón estaba a unos escasos diez metros.
Y al llegar, Landariel gritó, aterrorizada.
Glornik empujó a Escipión a un lado y saltó en el aire, conocedor de que el dragón querría sangre por su afrenta con la espada.
Al empalar a Glornik en sus cuernos, siguió corriendo y corriendo, hasta que levantó el vuelo y se perdió en la lejanía, dejando a Suerte pálida, y a Landariel llorando