¿Quién diría que sería el dolor mi intérprete, y al mismo tiempo, el péndulo que mueve mi pluma en esta noche tan solitaria? Así es como siento mi mano, como una vil traidora que me ignora, aún cuando le pido encarecidamente que olvide tus rasgos, tus mil maneras de mira a este pobre insensato, o simplemente, el haz de luz que os rodeaba con un fulgor solo comparable a la aurora boreal.
Necesito deciros, creo, que aunque os arranque de mis adentros, al igual que al cortar un árbol centenario, con su fuerza, queda la raíz; vuestro amor en mi será una semilla imposible de matar. Maldigo así este corazón tan débil sin vos y que ahora trata de ser fuerte de una manera tan cobarde. Os preguntaréis, supongo, el porqué de esta decisión mía. La achaco a una tristeza tamaña que me arranca las sonrisas que con tanta facilidad creabais.
Recordar vuestros gestos, vuestras maneras, es comparable al suicidio mental del reo que, tras años de tortura, recuerda a su verdugo, solo que con vos yo me muerto verdaderamente. Creo reconocer en mi mente vuestra mirada, aquella que me brindasteis, acompañada de una suculenta ración de sonrisa, luz y brillantez. ¿Dónde podré encontrar ahora mi estrella fugaz? Solo el viento conoce las miles de preguntas sin respuesta que he formulado en tan solo un día, mas como buen compañero, él barrerá todos los restos que pueda tener de vos en mi vida.
Así os concedo vuestro último deseo, y tras limpiarme la última gota de sal en mi cara, os digo adiós, no sin vacilar, no sin dudar, mas con toda la fuerza que puede sacar este empobrecido corazón.
Anteriormente vuestro, y de vuestros besos:
E.M.S.A. El Monstruo del Sentimiento Arrebatado.